miércoles, 22 de mayo de 2013

Ser-te

Fotografía de la red: Flickr


Yo quisiera nacerte
o, al menos, llegar caminando
a la arista de tu amanecer,
a tu orígen,
para así conocer tu esencia,
tus miedos
y saber cómo lames tu soledad
cuando te vulnera, sin previo aviso,
entre las sábanas del invierno.

Quisiera llenarte de primavera
los desvanes que colmas de amantes
y los hastíos que mitigas con tus labios.
Yo quiero ser una audacia de pavesa
hecha hoguera,
encender la candileja que pende de tus dedos,
ser tú y vulnerarte,
o, al menos, iluminar las palabras
que te dicta la noche
cuando decides caminar por la cuerda floja,
en la arista de la luna.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Escribiendo otra ciudad

Fotografía de Joaquín Delgado


Cuando has escrito una ciudad
es necesario abandonarla.

Pasar página y dejar palabras
colgando de los balcones,
por las fachadas de las casas;
señalar tildes acentuando
los rincones de los besos,
puntos suspensivos en los puentes suspendidos
sobre el río
y comas que aceleren los momentos
irremediablemente irrepetibles.

Cuando hayas escrito una ciudad,
regresarás a ella,
solo cuando sea otra historia.

Ya he olvidado una flor de invierno
sobre uno de tus libros.
Enmarca el último paisaje
donde te amé.
Poemas ajados por las paredes
y pétalos secos sobre las sábanas
componen la sinfonía
del próximo septiembre
que amargue mis habitaciones.

Yo no lo quiero.
El mundo es viejo
cuando no estás.

He escrito ya esta ciudad
y ahora quiero marchar.

Solo si deseas venir
una voz cantará spring sprung
y asomará la cabeza la primavera
because you make me feel so young.

Si tú me das la mano
y permanecemos
podemos regresar,
inventar una nueva historia,
o fugarnos a un lugar lejano, desconocido,
para poder escribirnos los dos,
a dos manos.

Cuando has escrito una ciudad
es necesario abandonarla.


(... and then... Spirng Sprung!)


viernes, 10 de mayo de 2013

No quieres cuadernos


Tú no quieres los cuadernos
porque llenas con palabras folios en blanco
como los segundos del día, con besos,
colmando esta vida
y apurando al máximo
el cáliz del sexo.

Tú no escribes en cuadernos
porque no te gustan los límites.
He tardado en comprenderlo
pero, al fin, conozco lo sencillo que es amarte.

Ahora sé hacer de tu cuerpo
un folio en blanco.
Dar caricias sin renglones
y hablarte sin fronteras.
Ahora sé que tu amor
no es un cuaderno que se cierra.


jueves, 2 de mayo de 2013

Deshojando la tarde con poesía y jazz

Parecía mentira que el día de hoy (ayer, uno de mayo) fuera un día de fiesta. Era necesario, cuidadosamente, ir deshojando la ciudad en aquella tarde vacía. Arrancar plazas como pétalos, fuentes como estambres y restar todo lo que sobraba para quedarse con el lugar adecuado, donde uno se reconoce. Había risas de niños en la plaza francesa y amantes que se besaban en los bancos. Pero eran momerntos ajenos. Era necesario completar la tarde vacía. Por suerte, tenía en mis manos Poesía Jazz de G. Luna Pérez Gastón. Y la tarde vacía se llenó de versos comprados en Barcelona, leídos en Zaragoza, imaginados en pupilas y directamente incluidos, de por vida, en la banda sonora preferida. El poemario de G. Luna Pérez Gastón está ilustrado por Rafael Becerra y es una delicia para los sentidos. No es necesario ser amante del jazz o de la poesía. Es, simplemente necesario, ser amante de la vida. Y dejarse llevar por la melodía que reverbera entre las palabras de cada poema, disfrutar de cada pausa y de la respiración, a veces desesperada, que palpita dentro de este hermoso libro que también concede tregua y descanso, relajación y sosiego. Poesía Jazz está editado este año por Traspiés (Vagamundos Libros Ilustrados) Desde este rincón, recomiendo ciegamente su lectura. Les dejo cn la voz de G. Luna Pérez Gastón recitando uno de los poemas de esta joya.

Ahora que, según parece, he conseguido solucionaer los problemas que me estaba dando blogger y después de escuchar el estupendo poema de G. Luna Pérez Gastón, me atrevo a escribir unos pequeños versos de esos que ayudan a sobrevivir la noche.

La arquitectura artificial
de esta noche invertebrada,
la anatomía raquítica del subsuelo
y los árboles vertebrados y ridículos
que, según dicen, adornan la ciudad.

La lejanía apestosa,
la madrugada en cenizas
y el aburrimiento de un móvil
que no se atreve a pronunciar tu nombre,
cuando te echo de menos.

Hoy ha sido el día
para escribirte las preguntas
que no obtienen respuestas.

Tres días y tres noches a tus pies
raptan esta semana
y hoy, bajo mis pies,
desaparece el asfalto
que no sabe de coffee shops 
ni habitaciones de hotel.

Amar de verdad, a veces,
es permanecer en silencio.
Siempre la comprensión derrotando a la protesta.

Cierro los ojos y estalla mi ciudad.
Bajo un cielo violáceo
se ahuyenta el sol de los desiertos donde soy feliz.
 Se escribe una historia de amor robada
mientras fumo la última hierba
de un club en ruinas.

The sun died (Shirley Horn)

domingo, 21 de abril de 2013

Zahorí de sonrisas



 Brújulas que buscan sonrisas perdidas 

(Albert Espinosa)

Ante mis ojos
la solución se reconstruye
esta mañana de domingo,
centro comercial abandonado
y avenida vacía
bajo un sol de justicia
que no calienta
pero abriga contra el cierzo.
Los pinares que rodean estas calles sin alma
que fueron bosque,
las sombras que cobijan
los aledaños de mi conciencia,
incluso ese lago artificial
en mitad del asfalto,
parecen hoy carecer de importancia,
ser invisibles, no existir.

Para mí, todo es desierto.

Las farolas son imposiciones, sin noche.
Los semáforos, sin tráfico, son irreales
y los pasos de cebra sin peatón
son un insulto para el fugitivo.

Todo desaparce. Ni rastro de humanidad.

Nubes de arena borran el paisaje
como si, lejos de ti, no hubiera mundo
que sustentara mi gravedad.

Rebusco en mi cartera.
En tu fotografía eres bella, eres joven,
me amas y sonríes.

Solo soy un zahorí
buscando agua 
en un mar de dunas sin certeza
y playas de dudas.
Mis ojos
se recuerdan en tu mirada.
Apuntan a una sola dirección.
Son brújulas que buscan sonrisas perdidas
en esta ciudad que te recuerda
y sin ti se divierte:

Un parque de atracciones
olvidado



There used to be a ballpark (Frank Sinatra)

(No entiendo por qué pero mientras escribía esto, se reproducía esta canción en mi cabeza)
Próxima presentación del libro solidario Escribiendo esperanza: En Madrid, el día 23 de abril, a las 17,00 en la Sede de la ONCE (C/ Prim, 3) El acto está enmarcado dentro de un maratón de poesía para celebrar el día del libro. Abriremos con la presentación de Escribiendo esperanza y seguirá un recital de poesía hasta las 22,00

jueves, 18 de abril de 2013

Haciendo de Zaragoza, un París cualquiera

Y nos es tan complicado... Basta con levantarse temprano, una mañana gris y lluviosa de finales de otoño. Basta con caminar bajo las buhardillas que no han apagado sus luces en toda la madrugada, dejarse llevar por la bohemia solitaria... y llegar a un pequeño Café, con música francesa, con flores, con pintura, con fotografías en blanco y negro, dedicadas al jazz. Basta con pasear las viejas calles cercanas al Coso, la plaza de las catedrales y derivar, después y sin remedio, a la orilla del río. Pasar los puentes y visitar un parque de la rivera, refugiarse del cierzo, levantar el cuello del gabán y seguir caminando. Aquí no hay un faro que nos guíe en la tempestad, no existe Eiffel para el vagabundo del Ebro pero ¡qué carajo! ¿hay mejor faro que la torre de la Seo para encauzar nuestro rumbo?. Esta mañana me apetecía hacer de Zaragoza un París canalla.


Pasaje del ciclón (Zaragoza)
Cuando pienso en ti…
…me gusta pasear
bajo las luces
en el pasaje del ciclón
(mi huracán particular),
cuando los comercios
levantan sus persianas
al nuevo día,
cuando tus pestañas
abanican los sueños
de esta ciudad.

Y te espero.

Aunque me sienta flor de plástico
 en la terraza
de un Café Botánico,
escucho música francesa
y recapitulo palabras en tus labios.
Dices bésame, en Inglés
y es el nombre de un pequeño restaurante,
pero yo deseo besarte
cada instante
que se detiene junto a ti.

 Esta mañana de invierno
no estás en el Café Botánico.

Flores marchitas se desparraman por las paredes.

Ayer comentaste que querías mudarte
al otro lado del río.
Pero mañana será hoy.
Seguirás presente en esta orilla,
cuando mil palomas
lleven mis poemas
al otro lado del río
y tú, sin darte cuenta,
pienses que el cierzo
silba tu nombre
y te rodea con sus alas,
cálidamente…
amándote.


La bohème, en voz de Soledad Giménez:

Este poema está publicado en el libro solidaro Escribiendo esperanza, libro que hoy presentamos a las ocho de la tarde en Sabiñánigo, en la Casa de Cultura Antonio Durán Gudiol (C/ Pedro Sesé, 2)

domingo, 14 de abril de 2013

Puentes y domingos musicales

Puente de San Miguel sobre el río Aragón (Jaca) Fotografía tomada del blog: Jaca en la memoria


Indudablemente la hoja en blanco
tiene algo de abismo existencial.
Por eso la garabateamos.
Nosotros escribimos y tendemos un puente
como última esperanza
de que alguien, en el otro extremo,
nos recoja
y nos complete.
El lector.
¿Trampa o desafío?
Este otro extremo
quizá no sea otra orilla
sino la misma,
iluminada por idéntica luz nimia
de oro viejo y ceniza.
Y después, el lector,
diseña otro puente
y así, infinito,
es el poema.

Como es costumbre ya en este blog me gustaría acabar este domingo con algo de música. Esta vez he elegido una canción muy divertida que se incluye en el último disco de duetos que ha sacado a la venta Tony Bennett. La canción es Are you havin' any fun y además de contar con una big band espléndida, Tony Bennett es acompañado por un absolutamente desconocido (afortunadamente desconocido) Dani Martín. Está claro que el que fuera cantante de El canto del loco ha retocado su estilo y ha cuidado su forma de cantar para estar a la altura de las circunstancias. Y no solo lo ha coseguido sino que la suya es una de las mejores intervenciones del disco. Así que, vamos a pasarlo bien esta mañana de domingo con Tony Bennett y Dani Martín:
 

domingo, 7 de abril de 2013

Una difícil decisión (Microrrelato)




Mario garabateaba folios en blanco mientras transcurría su turno de vigilancia en una pequeña garita de fábrica, una más, confundida dentro del absurdo conglomerado que era aquel polígono industrial.  Era día de descanso semanal y los únicos operarios que llenaban el recinto, además de Mario, eran los dedicados a las labores de limpieza. De repente, el limpiacristales que estaba trabajando en el piso octavo de las oficinas, lanzó un estrepitoso alarido y acto seguido, su cuerpo apareció en el suelo, rebotando contra él y cayendo definitivamente, muerto, a escasos metros de la garita. Lívido, el vigilante comenzó a llenar su cabeza con preguntas tan pegajosas como el charco de sangre que se extendía ante sus ojos y las posibles soluciones se agolpaban en su interior, tan insistentes, que no le dejaban actuar. Mario intentó decidir qué debía hacer un vigilante de seguridad en tales circunstancias. ¿Debía llamar al 112?. No, primero debía comprobar si el limpiacristales estaba realmente muerto. Pero, vamos Mario, ¿cómo no va a estar muerto cayendo de un octavo piso? Y en ese caso, ¿para qué llamar al 112? Mejor sería llamar al jefe, o a la empresa, o a la empresa del muerto. No, no… lo primero es acudir hasta el cuerpo y custodiarlo hasta que lleguen los sanitarios. Pero, ¿qué sanitarios? Si custodiaba el cuerpo ¿cómo iba a llamar a alguien?. Y espera un momento, el limpiacristales se había caído o habría sido empujado por algún compañero envidioso. ¿Crimen, suicidio o muerte sin más? Nada. Eran  demasiados datos. El sudor frío recorría la frente de Mario y las manos le temblaron cuando accionó el botón para cerrar la puerta principal de la fábrica. Con las mismas manos temblorosas y blancas, como un papel de fumar, cubrió su rostro e intentó recapacitar qué era lo más adecuado para estos casos. Inspiró profundamente, con los ojos cerrados, intentando relajarse. Acto seguido y ya, sin lugar a la duda, levantó el auricular del teléfono y marcó:

-Sergio, soy tu primo Mario.  Oye, ¿sigues en paro? Mira, ha quedado una vacante como limpiacristales en la fábrica donde trabajo. Llama a este número.

domingo, 31 de marzo de 2013

Espectros en el Café de los espejos

Fotografía de Batistini Gaston

Si bien quedan lejos
mis estatuas del periodo arcaico,
esta mañana no deja de ser hierática,
de cierzo inmóvil o inexistente
y ciudad de jardín mecánico.

En el Café de los espejos
busco la movilidad de los cristales,
los juegos de luces
y en este claro-oscuro (o arco iris que me embriaga)
se despejan parpadeos de ojos
en mi amante de una noche.

A veces me abriga el aliento
de una antigua estatua
pero me acosan los recuerdos
de todo un friso parnasiano
habitado por ciegas cariátides, sin manos.

Amante de una noche
y mil amaneceres,
crees que ocupas en mi templo
tan solo unas horas.
No sabes cómo te recuerdo
los días de invierno y soledad habitada,
vestida de verano y sonrisas,
donde el viento teme entrar
por no borrar tus huellas
ni saquear mi historia.

Tinta de mi verso,
eres una
y eres todas;
figuración como de ejército,
que siembra paz en el caos,
y desordena mi vida
con fuegos de luces y luces que asombran
la blancura de este folio vírgen
que aspira a historia
escrita por tu mano izquierda.

Hoy levanto mis ojos.
Mi muerto reflejo
es el vivo palíndromo
que insulta mi rostro y pronuncia tu nombre.
...o carta o atraco....
¿es esto poesía, poemía, poetuya?
Son solo teatros del esperpento,
la función de la bohemia y las sombras
creando juegos de artificio
para mis espectros
en el Café de los espejos.

Maybe you'll be there (Frank Sinatra)

martes, 26 de marzo de 2013

Microrrelato jacetano

Catedral de Jaca por Enríque Pérez Tudela



Don Ataúlfo la vio cruzando la románica catedral de Jaca. Sus sombras la acogieron. Ojos claros, cabello rubio, cara de niña. En ella veía la inocencia hecha mujer. Recogida en un banco, cada mañana, escondía el rostro entre sus manos blancas y pequeñas. Alguna vez pensó en preguntarle por quién rezaba tanto pero no quería interrumpirla. Don Ataúlfo, el párroco, ignoraba que cada día, a las ocho de la mañana, comenzaban las obras en casa de la joven y que en diciembre, la catedral, era el único lugar de Jaca donde no hacía frío y se podía dormir.