Me duele el grito unánime
de todos los árboles,
blanca erosión
de una nueva palabra.
Ignoro cómo reciclar el silencio
y transformarlo en añoranza
o pasión.
En el vacío que selecciona el reloj
te pierdo demasiado, en lo inimaginable.
Echo de menos tu presencia en lo recóndito,
te recuerdo en el pliegue incógnito
de la sábana arrugada,
después del sexo.
Después del amor,
nadie habita el espacio
entre el agua y tu piel.
Busco la dimensión
a través de tus ojos y su espejo,
la escena inalcanzable
que representas bajo la ducha.
Me duele el grito unánime
de todos los árboles.
Solo tú lo puedes callar,
material reflejo,
silenciando con un beso
todas mis palabras.



