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sábado, 24 de febrero de 2018

Cartago cinema, cautivos del cine

Cartago Cinema: Cautivos del cine


Mi primera lectura del año ha sido "Cartago Cinema", de Alfredo Moreno, editado por Mira Editores a finales de 2017 y puedo decir que, como lector, no ha podido comenzar mejor este 2018. Sin necesidad de arrimar un revólver calibre 38 a mi sien ni llenar mis bolsillos con sobres procedentes de Suiza o Panamá, en cualquier foro estoy dispuesto a afirmar que se trata, indudablemente, de una obra brillante. Que, si bien respira cine clásico por los cuatro costados, no estamos ante ningún corta y pega de cualquier película, como he comprobado al leer algunos títulos de cinéfilos declarados y obsesivos. Nada que ver. "Cartago cinema" plantea una historia que bien pudiera ser intemporal pues los temas que maneja no pasan de moda. La consumada cinefilia, casi cinemanía, de su autor alterna con las bajas pasiones del ser humano, con el amor, la vida, la muerte; con la hegemonía del dios dinero, del dios poder, sobre todas las cosas (la actual comercialización desmedida del cine) y con la más penosa, pero repetitiva constante y filicida, historia de España. Bebiendo de clásicos como "El crepúsculo de los dioses" (Sunset boulevard, Billy Wilder. 1950) o "Cautivos del mal" (The bad and the beautiful, Vincente Minnelli. 1952) es una historia del cine contada desde dentro y como tal, alberga un argumento (un guión) que mejora la vida. En ella encontramos a un guionista, un magnate productor y a un director que, como buena vieja gloria desaparecida y casi olvidada, decide regresar por todo lo alto con una espléndida obra maestra, obsesión de toda una vida, que será el broche final para su breve pero mítica carrera. Lamentablemente, los planes de la productora, serán otros. Por supuesto, hay una chica, Martina Bearn. Y tiene el grado de malditismo necesario para ser irresistible. Será la secretaria del viejo y futuro director pero se elevará sobre todos los personajes como razón o espejismo que ayude a tener el entusiasmo necesario para llevar a cabo una empresa irracional y casi suicida como resulta el anhelado último rodaje. Martina canalizará, desde un aparente segundo plano, el peso dramático de la obra.

Impactante comienzo de "El crepúsculo de los dioses" (BIlly WIlder. 1950), una de las influencias reconocidas por Alfredo Moreno para su primera novela "Cartago cinema"

Desde el comienzo de esta historia cíclica, el lector tendrá la sensación de encontrarse ante una película de cine clásico, rodada por completo en blanco y negro, y no solo porque su protagonista principal padezca acromatopsia congénita. El aire que se respira a lo largo de sus 351 páginas, los diálogos, los ambientes a pesar de estar ante una historia contemporánea, tienen un marcado corte clásico, como aquellas películas dobladas en España entre los 40 y los 70. Algunos diálogos recuerdan a estas cintas. que todos guardamos en el subconsciente. Pero hablábamos de un guionista que ve la vida en blanco y negro y que se erige como protagonista principal de "Cartago cinema": Elliott Gray (nótese que el apellido se pronuncia igual que el color gris en Inglés, algo que no está nada mal para un tipo con acromatopsia). Gray es un guionista que recuerda a Joe Gillis (de la citada Sunset Boulevard) o al personaje Robert Towne (de la película "Chinatown", Roman Polanski 1974), al que le gusta pensar que tiene algo de escritor. De hecho, tiene mucho de escritor. Es un tipo que ha logrado sobrevivir (y esto ya es mucho) en el difícil universo de los guionistas de cine aunque su discreto mayor éxito ha llegado de manos de la televisión gracias a una serie. Sin embargo, no ha logrado cumplir su mayor sueño, su película y el trabajo más recurrente al que tuvo que dedicar sus horas fue el de corrector de guiones para la potente productora Gold Masks, propiedad de Bufford Sheldrake, productor sin escrúpulos. Además, es dueño de un humor marxista, sobretodo procedente de Groucho Marx, aunque como lector he encontrado un cinismo y humor negro cercano a Humphrey Bogart y sobretodo, a su papel como Marlowe. El humor está presente en "Cartago cinema" durante todo el libro en diversos momentos pero son especialmente delirantes las conversaciones telefónicas y las constante bromas entre Bufford Sheldrke y Gray que arrancarán, a buen seguro, más de una carajada. A pesar de esta relación amor-odio que unen a productor y guionista, Gray ve en Sheldrake su última oportunidad para crecer profesionalmente.
Otra imagen de "El crepúsculo de los dioses"

Bufford Sheldrake es un productor sin escrúpulos y oportunista que intenta amasar una fortuna aprovechándose de los demás. Podría ser un Harry Cohn o un David O. Selznick, pero su máxima reside en responder a los gustos y expectativas de un público cada día menos exigente. Para ello está dispuesto a pagar cualquier precio. Debe su apellido a dos personajes de Billy Wilder (concretamente de "El crepúsculo de los dioses" y de "El Apartamento") y se convertirá en la pesadilla a distancia que acompañará en su periplo a Elliot Gray. Respecto al director Ballard, digamos que la pesadilla es mutua.
Escena de "Cautivos del mal" (Vincente Minnelli. 1952)

La vieja gloria, el mencionado director que desea regresar con su proyecto vital: John Ferris Ballard. Para su personaje, el autor ha tomado como referencia al actor Lee Marvin en lo referente a rasgos físicos y temperamentales pero estamos ante un director del "Nuevo Hollywood", de finales de los sesenta que cuenta en su haber con un par de éxitos tempranos, una corta y fugaz historia de esplendor. Retirado durante un largo periodo de tiempo, junto a una esposa adinerada en la campiña francesa, nunca se ha separado de su fiel colaborador, Monty Grahame (que me recuerda poderosamente al actor Louis Calhern) y juntos han continuado trabajando e incluso rodando, pero en el ámbito puramente privado. Por alguna razón que se escapa, Ballard desea rodar la película que ha ocupado toda su vida como un proyecto irrealizable aunque terminará montando un decadente autocine, otro sueño roto. En esta obsesión, casi quijotesca, entra en escena España, como el cadáver dolido de una guerra cuyas huellas todavía están presentes. A lo largo de la novela, el lector podrá visitar la campiña francesa, Los Ángeles, París, Hollywood, Madrid y varias localizaciones en Aragón, fundamentalmente, como plató natural (una reivindicación del autor_pregunta onceava en esta entrevista). En Aragón encontramos, precisamente y a modo de Belchite, el pueblo destrozado por la guerra con su huella imborrable y camuflada, sepultada ahora, bajo una especie de moderna ciudad sepulcral y espectral, sin alma, sin gente; o, mejor dicho, habitada por gente sin alma, algunos de ellos, amontonando riqueza sobre las tumbas de los caídos. Tanto Sheldrake como Ballard, sirven de vehículos para contar la historia del cine y en este caso, una parte fundamental de la historia de España. Y en este periplo español y quijotesco, podemos recordar fácilmente la película "Mr. Arkadin" de Orson Welles.
Orson Welles

Ya hemos hablado anteriormente de Martina Bearn que, junto a Ana, Laura y Christelle, conforman el elenco femenino de la obra. Pero sobre todas ellas, Martina. A modo del cine de John Ford, en "Cartago cinema", las mujeres lo condicionan todo aunque sea desde un plano aparentemente secundario que, en realidad, no lo es. Martina no solo coincide con una antigua obsesión de Ferris Ballard sino que encandila a Gray e incluso podríamos decir que Monty Grahame bebería los vientos por ella, de no sentirse demasiado anciano. A estas alturas incluso Laura, la adinerada esposa de Ballard, se esté planteando su orientación sexual a causa de la irrupción del torbellino Martina en su ordenada vida. Torbellino pero discreto. Más bien el torbellino lo causa Martina en las emociones de los personajes masculinos. Y para el personaje de Martina yo he imaginado multitud de actrices a lo largo de la novela. Desde la Shirley MacLaine de "El Apartamento", pasando por Marion Cotillard, la primera Jacqueline Bisset, la primera Claudia Cardinale, Ava Gardner, hasta incluso Gene Tierney (¿cómo no?) o una jovencita Monica Bellucci, algo más recatada. Pero, indudablemente, como todo personaje femenino en el cine de Ford o en el cine negro, resulta irresistible, tanto para los personajes masculinos de la novela, como para el lector. Todos somos Martina.
Grace Kelly y Ava Gardner, fueron dos mujeres dirigidas por John Ford, en Mogambo
Sin embargo, el riesgo de contar demasiado ya está rozando lo inaceptable. Así pues, convido a los que hayan terminado esta torpe reseña (que, en realidad, es un leve repaso de personajes) a leer "Cartago cinema". La novela comienza con una muerte sobre el agua lo que nos remite de nuevo a "El crepúsculo de los dioses" aunque no fuera el comienzo ideal que deseaba Billy Wilder para su película (la muerte, sí, pero no así). El argumento cuenta con las necesarias rupturas temporales que, lejos de extraviar al lector, hacen más atractiva la historia. "Cartago cinema" bien pudiera ser llevada al cine pues podría haber sido un guión cinematográfico. De hecho, algunos capítulos emulan el guión. Si se realizara y estuviera a la altura de la novela, seria una gran película. Sin embargo, dudo de estos tiempos y sus resultados cinematográficos. Puede que haya demasiados Sheldrake por ahí produciendo verdaderas barrabasadas. Y su autor, Alfredo Moreno, merecería una buena película. Precisamente, respecto a Alfredo Moreno debo decir que conocí su cinefilia leyendo el imprescindible blog 39escalones y posteriormente, leyendo su ensayo "39 estaciones: de viaje entre el cine y la vida" publicado por Eclipsados. Su salto a la ficción ha sido un regalo para todos. Un debut fenómeno. Regresando a esta primera novela de Alfredo Moreno, a "Cartago cinema" y referiéndome a sus capítulos, sin duda, ha sido un acierto que cada uno se titule como las películas que a lo largo de la historia han contado el cine desde dentro del cine. Películas de las que encontramos una breve sinopsis al finalizar el libro. "Cartago cinema" comparte con autores como Gómez de la Serna, Scott Fitzgerald o Edgar Neville, el privilegio y el buen gusto de contar una historia sobre las vidas de aquellas personas que hacen cine; la historia del proceso de producción, del rodaje, del guión...etc y comparte esta tradición con cienastas como Billy Wilder, Joseph L. Mankiewicz, Vincente Minnelli, Stanley Donen o Woody Allen...por poner solo unos ejemplos citados en el libro. Para el final dejo las apariciones fantasmales de don Luis Buñuel. Conozco bien el escenario donde el autor las sitúa y debo decir que no ha podido elegir mejor localización. Es la plaza de los Sitios de Zaragoza, una de esas viejas lonjas afrancesadas que, las noches de invierno y niebla, adquiere un aspecto romántico, algo trasnochado, simbólico y también fantasmal, cuando las clásicas farolas deciden arrojar su haz de luz entre las ramas bajas de los árboles y la niebla que llega desde el río, se encarga de amplificar, velar y tamizar esta luminiscencia como si el paseante perdido en sus pensamientos estuviera obligado a contemplar ese escenario a través de un lienzo, como en la película "Retrato de Jennie" (William Dieterle 1948) Terminé en enero la lectura de "Cartago cinema" pero hasta hoy no he podido escribir nada a la altura de las circunstancias si es que esto lo está. Y es curioso que sea precisamente hoy el día en que publique esta especie de reseña. Pues sí, hoy cumple años su autor, Alfredo Moreno. Valgan, amigo, estas líneas como regalo y acéptalas como tal o arrójame por ellas un zapato a la cabeza cuando me veas caminando por la calle. Así sabré si he acertado. Felicidades, Alfredo. No por ser tu cumpleaños, que también. Pero felicidades, sobretodo, por haber entregado al mundo una brillante historia.

Don Luis Buñuel
Alfredo Moreno, autor de "Cartago cinema": Licenciado en Derecho por la Universidad de Zaragoza. Desde abril de 2007 mantiene la bitácora cinematográfica 39escalones. Además de participar en ciclos, conferencias y mesas redondas, ha publicado una veintena de artículos en diferentes revistas culturales y ha colaborado en programas de radio y televisión. Ha publicado el ensayo 39estaciones. De viaje entre el cine y la vida (Eclipsados, 2011) y los capítulos «Desmontando el género negro: del “glamour del mal” a las portadas de El Caso en El Crimen del cine Oriente» en el libro colectivo La obra narrativa de Javier Tomeo (1932- 2013): nuevos acercamientos críticos (Institución Fernando el Católico, 2015), y «Magos del “shock” latente en Méliès» en el libro Méliès (Libros del Innombrable, 2017), monografía dedicada al gran cineasta francés.
(Fotografía: Oliver Duch, Heraldo de Aragón )


sábado, 23 de diciembre de 2017

Méliès

Extraordinaria portada, obra de Juan Luis Borra, para el fundamental libro coral "Méliès" (Libros del Innombrable 2017)

Méliès. Cuando el cinematógrafo necesitó un mago


Estableciendo un inocente juego de palabras, un truco del lenguaje, resulta paradójico y fundamental destacar que Georges Méliès sembró de luces las sombras de Lumière. Sin la intervención de este mago y pintor, el cinematógrafo hubiera sido poco más que un alarde científico, tan solo una herramienta para documentar lo cotidiano, como la salida de la fábrica de unos obreros en 1895, precisamente filmada por los hermanos Lumière o trasladado a nuestro país y sus querencias eclesiásticas, otra salida, la de misa de 12 del Pilar de Zaragoza, filmada dos años más tarde por Eduardo Jimeno Correas. Un artefacto de feria y barraca para primitivos voyeurs, un espectáculo de exposición universal, poco más que el último grito científico del siglo XIX; en esto se hubiera resumido el cinematógrafo. Méliès, fascinado por el invento de los hermanos y tras asistir al pase inaugural de la primera proyección consiguió convertir aquel juguete de la ciencia en una verdadera fábrica de ensueños, en una nueva y deslumbrante manera de alumbrar obras de arte. Adaptando al cinematógrafo su experiencia en el teatro, la pintura, el gusto por los espectáculos circenses, la fantasmagoría, el ilusionismo, la prestidigitación, el escapismo, halló el truco perfecto y a su través, el diálogo mudo con un espectador que necesitaba creer. El cinematógrafo necesitaba un mago y el espectador necesitaba magia. Así se fraguaron las primeras películas fantásticas, la inauguración del lenguaje cinematográfico, de la ciencia ficción y de todos los géneros. Así nació el primer teatro de los sueños, la primera sala de cine, en el parisino teatro Robert Houdin, propiedad de Méliès. Allí nació el cine [...]

LEER LA RESEÑA COMPLETA EN: Odisea Cultural


A continuación, Le Manoir Du Diable (George Méliès 1896) Mefitófeles se transforma en murciélago y así Mélies anticipa el vampirismo en el cine. Además, hacia el final del corto cuando tiene lugar las transformación de la mujer, notable influencia de los grabados de Goya.


jueves, 16 de noviembre de 2017

Hablando de A.F. Molina (Libros del Innombrable. 2017)


"Hablando de A.F. Molina" es una edición de Ester Fernández Echeverría, ilustrada con los collages de María Elena Fernández, 'Asilvestrada' . Edita Libros del Innombrable


"Hablando de A.F. Molina" se presentó ayer, 15 de noviembre, en la Biblioteca de Aragón. Tuve la fortuna de participar en esta presentación, circunstancia que agradezco. Para tal ocasión preparé y leí este texto:

Momento de la presentación. De derecha a izquierda: Raúl Herrero (editor), María Elena Fernández (ilustradora), Eugenio Mateo (Asociación Aragonesa Amigos del Libro) y yo.

LA BLANCA BABOSA DE LA PERMANENCIA

Para alguien que ha conocido a Antonio Fernández Molina a través de sus textos pero no personalmente, el libro "Hablando de A.F. Molina" que ahora edita Libros el Innombrable resulta fundamental como aproximación  tanto a su biografia como a su personalidad. Pero también resulta un trabajo imprescindible para aquel que apenas conozca su obra, pues en estas páginas encontrará una guía excepcional, una herramienta para facilitar su comprensión que también proporcionará un oportuno capote a todo aquel que desee desarrollar un estudio sobre su amplia bibliografía. Pero esta recopilación de artículos, entrevistas y hasta relaciones epistolares, son la todavía necesaria reivindicación de un creador que debe ser ya reconocido como uno de los pilares fundamentales de la literatura española del siglo XX.

Año 2004. Homenaje a Antonio Fernández Molina en la Galería de arte Orfila de Madrid. Raúl Herrero lee un poema de Molina ante el maestro.

Personalmente, llegué a la obra de Antonio Fernández Molina de la mano del mejor maestro de ceremonias que, en este caso, podemos tener: Raúl Herrero, principal responsable de que la obra de Molina esté siendo difundida. A través de Raúl organizamos un homenaje durante la feria del libro de Jaca del año 2015 y proyectamos el documental "A.F. Molina un poeta incómodo" (Luis Vidal/Ester Fernández). Al año siguiente, también con motivo de la feria del libro jaquesa, se organizó un recital de poesía postista donde se leyeron varios poemas de Molina y en 2017 publicamos con el Ateneo Jaqués el dosier dedicado al Postismo en la revista cultural "El eco de los ibres" donde, de nuevo, Fernández Molina adquiere una relevancia fundamental. Y es que Molina es el paradigma más completo del Postismo. Al ser este un movimiento vanguardista literario y estético y al ser Molina, un creador total, un escritor/pintor, tenemos en su obra el mayor exponente de este ismo, tanto en literatura (en poesía y en narrativa) como en pintura. Porque el Postismo en Molina ya no es tanto la locura inventada que predicaba Ory sino una realidad alterada, una búsqueda de autenticidad en el primitivismo; el sueño recordado.
Antonio Fernández Molina y Fernando Arrabal

Volviendo al libro que nos ocupa, "Hablando de A.F. Molina" está fragmentado en cinco grandes bloques, atendiendo a las diversos géneros y disciplinas que abordó el autor: Poesía, Novela y narrativa, Teatro, Pintura y finalmente una recopilación muy atractiva de entrevistas, homenajes y recuerdos que nos acercan a su lado más humano. Firmas que van desde José Hierro, Gabino Alejandro Carriedo, Fernando Arrabal o Víctor García de la Concha a Luis Alberto de Cuenca, José Luis Calvo Carilla, Alejandro J. Ratia, Antón Castro o Alfonso Lopez Gradoli, pasando por Juan Eduardo Cirlot, Antonio Beneyto o incluyendo, por ejemplo, una carta escrita por María Zambrano, van desgranando la figura del autor que, a menudo, se tilda de inclasificable. Para entender la universalidad y la repercusión de A.F. Molina, también es necesario reflejar que encontramos artículos firmados en Ciudad Real, en Madrid, en Mallorca, pero también en Venezuela, Colombia o Nicaragua. Entre la mayoría de los autores incluidos en el libro podemos intuir de manera unánime que la obra de Molina, a través de los diversos géneros o disciplinas, es toda ella poesía y que literatura y pintura guardan una estrecha relación, caminando de la mano y nutriéndose de manera recíproca. En el mismo prólogo, Ester Fernández ya anuncia: "En AF Molina su obra literaria y plástica conviven, se relacionan y se mezclan". Ya en el libro, Manuel García Viñó apunta: "Poesía y pintura son esteticamente intercambiables encontrando en ambas la iconografía fernandezmoliniana de los peces, los paraguas, las corbatas, los sombreros..". Víctor García de la Concha admite que en Molina "la escritura está estrechamente relacionada con la pintura", Jean Tena asegura que "ve la realidad con ojos pictóricos" y en su carta, Maria Zambrano, hablando sobre la novela "Solo de trompeta", se dirige a Molina con estas palabras: "Se ve perfectamente que es usted un pintor y que el enano protagonista, en realidad, es Toulouse-Lautrec. A esta simultaneidad pintura/literatura alude especialmente Alfonso López Gradolí concluyendo que "tanto en literatura como en pintura, su obra es consecuencia del surrealismo pero sus orígenes están más allá, como en toda corriente onírica". Una de las frases que mejor representan esta circunstancia es la que pronuncia Gabino Alejandro Carriedo al exclamar ante una exposición de Molina: "He aquí lo que le hubiera gustado hacer a Federico: llevar la poesía al dibujo". Y precisamente, como el propio Molina reconoce en la entrevista con Antón Castro, él comenzó a tener confianza en su obra plástica cuando vio los dibujos de Federico García Lorca. Para concluir con este aspecto, recuerdo a Alejandro J. Ratia que en su atículo define: "A una poesía y a unas novelas repletas de imágenes corresponde un mundo plástico de dimensión lirica" e incluye también una estupenda apreciación de José Corredor Matheos: "Su poesía, con tanto dibujar, se ha ido haciendo más profunda cada día y más visual, y sus dibujos más poéticos, de modo que ya se ha visto claro que unos nacían para ilustrar a los otros y viceversa". Finalmente José Maria Montells deshace el entuerto y confirma lo que ya muchos sospechábamos "Molina, ni escribe, ni pinta. Hace magia". 
Un dibujo original de Federico García Lorca
Obra de Antonio Fernández Molina

Queda claro que, plástica y literariamente, hablamos de una obra unitaria en cuyo origen está la poesía. Alicia Silvestre, respecto a la novela "La liebre mecánica" nos habla de una sensibilidad poética en su narrativa. Jose Hierro, en 1975, ya afirma "Crear lo que no vemos es la poesía" y habla del proceso creativo fernandezmoliniano: "como niño, cree ciegamente en lo que ve a la hora de la fantasía" y concluye tildando a su obra como "arte de poeta, la vuelta a la imaginación y al irracionalismo frente al arte actual". José María Montells, en su excelente artículo que titula con un verso especialmente lúcido de Molina "Cae la nieve en el centro del verano", concluye que "Antonio Fernández Molina escribe oficialmente poesía": Ya lo había confirmado el propio autor en la citada entrevista con Antón Castro: "Para mí solo hay un género: la poesía" y creo que no se refería solo a la literatura. 
A.F. Molina y Philip West

Ya hemos hablado del Postismo anteriormente pero es que en este libro casi todos los autores vinculan la obra de Molina a esta ninguneada vanguardia. En 1989 Antonio Gonález Guerrero habla de "un renacimiento manchego a corrientes surralistas o postistas". García de la Concha va más allá y en 1993 asegura: "Toda la creación de Antonio Fernández Molina se mueve entre las derivaciones del Postismo y un surrealismo expresionista y lúdico" para en 1996 continuar "Pero el postismo habitó entre nosotros y aunque, en las catacumbas, pervivió hasta hoy". Joaquin Ferrando se refiere a los aciagos años de posguerra que vivió el autor y afirma: "En los oscuros años, Antonio Fernández Molina encendió una luz cercana a los postistas, una pequeña pero enorme luz de vida y nunca dejó de alimentarla". Indudablemente, se está refiriendo a la luz blanca con que Molina identificaba el postismo frente a la luz negra que irradia el surrealismo. Dámaso Santos lo sitúa junto a Arrabal, Ory, Sernesi y Chicharro en "aquel movimiento insólito y repudiado a diestra y siniestra en los años cuarenta" y cuenta que "Molina siempre creyó que el postismo era una posibilidad de prolongación de su sueño surrealista en España, sin admitir el rechazo que ocasionó". Victor Lope lo define como un "representante del Postismo, ese surrealismo blanco", Alejandro J. Ratia lo nombra "heredero de una tradición vanguardista representada en nuestra posguerra por el postismo" y Chus Tudelilla, respecto a su obra plástica, afirma que "la libertad de imaginación del ideario postista que derivó en el descubrimiento de los maravilloso en lo cotidiano ordinario le indicaron el camino a seguir". José Luis Calvo Carilla señala la revista y colección de libros que creó y dirigió Molina, "Doña Endrina", como continuación del Postismo, recordando que en su primer número publicó a Miguel Labordeta, el gran amigo zaragozano del creador manchego. Como en todos los aspectos el propio Fernández Molina cierra el círculo con la siguiente afirmación: "Mi obra está inmersa en el postismo, un surrealismo blanco, por decirlo así, la presencia de la intuición y las imágenes". 
Doña Endrina
Solo de trompeta
Coinciden también los autores del libro al citar los referentes de Molina. García Viñó habla de Dadá y Brueghel. Garcia de la Concha cita a uno de los referentes que más aparecen en el libro y uno de los más idolatrados por Molina: Ramón Gómez de la Serna, influencia decisiva, por ejemplo, en su obra "Pompón". García de la Concha también refiere los dibujos de Lorca, a Lautreamont y a Marx Ernst. Argenis Rodriguez, en 1970 y  desde Venezuela, compara a Molina con Cervantes o con Swift. Respecto a su obra Narrativa, Jean Tena compara el humor negro fernandezmoliniano a Quevedo, Goya o Buñuel y destaca el mundo onírico y la fantasía, aludiendo a Lewis Carroll. También Alicia Silvestre compara al Molina de "La liebre mecánica" con el creador de "Alicia en el país de las maravillas", pero va más allá y destaca el cinematografismo  en el estilo de Molina y cita también a Cervantes y a Valle Inclán. José Maria Pemán nos habla en 1960 del teatro sumergido de Molina y compara su farsa "Las alumnas" con Ionesco, señalando que "el anémico panorama del teatro español necesita una voz nueva como la de Molina". Francisco Martín Martín con su artículo "Teatro de cine" es quien más aborda las influencias cinematograficas en la obra del autor tildando de cinematográficas todas sus dramatizaciones. En esta línea compara a Molina con el Buñuel de Viridiana o con el Goya de "La última comunión de San José de Calasanz". Juan Eduardo Cirlot nos habla del Molina plástico en su célebre artículo "El amanecer de lo informe". Aproxima la obra de Molina a la de Michaux, Velázquez, Dubuffet, Groszo o Eugenio Lucas. Alfonso López Gradolí recuerda que en el año 1952 Molina fue el precursor de los "happenings" y compara su obra pictórica a Giorgio de Chirico, Bretón, Picasso, Dali, Miró o Prèvert. Y como curiosidad cita unas exposiciones colectivas en las que Molina participó junto a Cocteau o Arp para finalizar hablando de la admiración que el maestro sentía por Solana. Para hablar de la obra pictorica fernandezmoliniana, Gabino Alejandro Carriedo cita a Kandinsky, Miró, Rabelais, Mompó, Brueghel, Magritte, de nuevo Chirico o Joyce, mientras que Victor Lope habla de una fotografía tomada en 1952 que resulta esencial, pues Molina posa junto a seis de sus obras donde se anticipa a Tàpies y donde impactan las decisivas influencias de Paul Klee o Joan Miró. Alejandro J. Ratia cita una exposición de escritores pintores en la que Molina participó junto a Buero Vallejo, Cela y Gómez de la Serna. Calvo Carilla, en su ya citado artículo, realiza un exhaustivo estudio de las influencias de Molina a lo largo de las distintas etapas de su vida, vislumbrando en su infancia a Defoe, Stevenson o Melville y destacando de nuevo a Gómez de la Serna y su literatura del objeto, la "cosología". Calvo Carilla también recuerda algo fundamental. Eduardo Valadés incluye a Fernández Molina en la antología de relato breve "El libro de la imaginación", en el año 1976, como uno de los ejemplos hispánicos más relevantes junto a Gómez de la Serna y Cortázar. Como en anteriores aspectos, las mejores pistas sobre sus influencias nos las da el propio Antonio Fernández Molina, de nuevo, en la genial entrevista con Antón Castro, reconociendo a Velázquez o Víctor Hugo como los artistas de su vida. Y como curiosidad reconoce a Dalí como uno de los mejores escritores españoles de todos los tiempos.
Saura y Molina

La última comunión de San José de Calasanz (Goya_1819)
Viridiana (Buñuel_1961)
Antonio Fernández Molina posee una obra incomparable, única y fundamental en la literatura española del siglo XX y el paso del tiempo no causa en ella mella alguna excepto la de toda obra universal, la huella del reconocimiento que, de una vez, ha de llegar. Recuerda Luis Alberto de Cuenca cómo fue propuesto, sin éxito, como candidato a recibir el premio que otorga la Fundación Principe de Asturias. Montells, sembrado una vez más, sentencia: "Si Molina fuera francés ya estaría en los altares junto a Bretón, Ernst o Mallarmé. En España no hay mejor cosa que morirse para llegar a genio". Emilio Miró en "Ínsula" ya calificaba a Molina como "uno de esos nombres injustamente proscritos" y el propio Antonio, de nuevo en la maravillosa entrevista junto a Antón Castro, afirma: "Comparativamente a los méritos de otros me hacen faenas, tratan de ignorarme". Los que han ninguneado a Molina o tratan de pasar por alto una obra unitaria, intemporal y esencial para el siglo XX, ignoran que la blanca babosa de la permanencia que ya vaticinaba Arrabal en el año 1966, está aquí para quedarse. A mí me gustaría imaginar  a Antonio Fernández Molina, ahora mismo, oculto donde está, con la misma expresión satisfecha que, según Raúl Herrero, exhibía en el Museo Reina Sofía mientras recibía un multitudinario homenaje en el año 2003 Es, por cierto, el artículo de Raúl Herrero que cierra el libro, el más cercano y emotivo. Queda aún un camino por recorrer para situar a Molina donde corresponde pero este libro, "Hablando de A.F. Molina" ya es un seguro salto hacia adelante.

Plenos de satisfacción a la salida de la biblioteca. (Fotografía: Alfredo Moreno)

lunes, 25 de septiembre de 2017

Lifelines: Andrea Corr y su botella de náufraga


Todos aquellos que hayan visitado este blog y especialmente, las entradas dedicadas a la música, sabrán perfectamente que en mi repertorio melómano preferido se encontraba, hace ya mucho tiempo, la voz de  Andrea Corr, irlandesa de Dundalk, solista de The Corrs, grupo folk y familiar que la catapultó a la fama en la década de los noventa con baladas como "Runaway" o canciones más festivas como "Right time" de inconfundible sabor celta. Junto a sus hermanos grabó, desde 1995 a 2005, cinco discos de estudio, tres directos y se publicaron dos recopilatorios, todo esto, en diez años, alcanzando el cénit artístico con el ya mítico MTV Unplugged de 1999 y estrenando temas tan interesantes como este.  Durante esta década, The Corrs cosechó éxitos que quedaron imborrables en la memoria del pop de finales de los noventa y principios de los 2000, como "What can I do", "At your side", "Only when I sleep""Radio", "Breathless" o versionando, con muy buen criterio y excelente resultado, clásicos como "Dreams" (Fleetwodd Mac),  "Little wing" (Jimi Hendrix) , "Everybody hurts" (REM) o "The long and winding road" (Beatles). Si bien es cierto que el conjunto de los hermanos Corr derivaron de un interesante pop con  muy marcadas reminiscencias irlandesas a un descarado estilo más descarnado y comercial, también lo es que Andrea Jane se convirtió, gracias a todos aquellos álbumes, en una de las voces más familiares de los noventa y principios del siglo XXI, desbancando a otras supuestas rivales que intentaban seguir el mismo camino, véase, por ejemplo, Natalie Imbruglia o Leigh Nash, cantante del grupo tejano Sixpence none the richer. Lo cierto es que, en cualquier caso, Andrea también fue pasto de esa evolución hacia la música comercial que sufrió el grupo y quizá por ello, en 2007, decidió dar el gran salto y sacar su primer álbum en solitario, Ten Feet High. Inesperadamente, el resultado final de este álbum es un mero producto comercial que carecía de interés, alejándose más aun de raíces irlandesa y pactando descaradamente con un pop demasiado cercano a Madonna. Afortunadamente, este fue solo el primer intento en solitario de Andrea. 
Andrea Corr 
Ahora que se anuncia para el próximo 10 de octubre el séptimo álbum de The Corrs titulado Jupiter calling, quiero recordar el segundo disco en solitario de Andrea, un interesantísimo e íntimo trabajo, en las antípodas del anterior Ten Feet High, donde la irlandesa recupera sus influencias musicales particulares, un apartado personal que, según sus propias palabras, se había visto ahogado por la trayectoria de The Corrs. Así que este Lifelines, publicado en 2011, supone un balón de oxígeno para la cantante que repasa clásicos de un repertorio muy amplio, desde un plano muy íntimo. Por ejemplo, encontramos una respetuosa versión de Pale blue eyes (Lou Reed), una genial Blue bayou (Roy Orbison)  o una personal Nº9 Dream (John Lennon). Entre clásicos de Harry Nilsson o Vangelis, Andrea Corr regala una versión de jazz, el estándar I'll be seeing you, clásico recurrente que no tiene parangón, compuesto por Irving Kahal y Sammy Fain en 1938, que representa el mayor acierto de Lifelines. Aún reservaba Andrea una sorpresa para los coleccionistas y es que, aquellos que se hicieran con la edición limitada del álbum pudieron disfrutar de otro regalazo, la versión que la cantante  rubrica de You've got a friend (James Taylor).  Ademas, es necesario señalar que Andrea, contó para este álbum con la colaboración de músicos como Brian Eno o Sinéad O'Connor. Sin duda, Lifelines es la mejor versión de Andrea Corr en solitario. La cantante se encuentra aquí en un estado de gracia que se prolongó, posteriormente, en el álbum de estudio que grabó con The Corrs, cuatro años más tarde, el titulado White light. 
Andrea Corr en el concierto con The Corrs MTV Unlugged (1999)
Andrea Corr, que habitualmente tocaba el tin-whistle, ha incorporado recientemente el ukelele en sus conciertos.

Es la voz de Andrea Corr deudora y cercana a anteriores vocalistas como Agnetha Fältskog (ABBA), Karen Carpenter (Carpenters) o Yvonne Elliman, alcanzando plena madurez en este Lifelines del que extraemos una versión muy personal del clásico de jazz I'll be seeing you.


martes, 6 de junio de 2017

Borregueros, un western aragonés

Evolución de un arduo trabajo que comenzó con un documental y terminó con este magnífico libro

Renunciar a una vida de estrecheces económicas y penurias, romper con la arraigada y heredada tradición familiar, albergar la valentía de perseguir un sueño ligado a la promesa de mejores sueldos, de una vida más próspera, de una tierra plena en oportunidades y finalmente, emprender el largo y dificultoso viaje, sin mirar atrás, sin atender a las dificultades. Estamos en Aragón, en los pequeños pueblos pirenaicos, en el Sobrarbe o en la Ribera. Es la década de los cincuenta, aún antes. Historias de algunos valientes pastores llegan desde una tierra lejana. Hablan de libertad, de unos sueldos abundantes. Los primeros pastores aragoneses que emprendieron el viaje a Norteamérica realizan el efecto llamada. Vascos y navarros, llegaron antes que ellos y algunos incluso son ya ciudadanos americanos. Un buen puñado de aragoneses (más de 120)  renunciaron a ser arrastrados por la corriente, al camino marcado y emprendieron viaje al lejano Oeste americano, con un contrato firmado bajo el brazo, para trabajar como pastores en aquella desconocida tierra prometida.

Carlos Tarazona
El realizador y escritor jaqués, Carlos Tarazonarecupera el recuerdo de estos emprendedores y valientes pastores. Con "Borregueros: desde Aragón al Oeste americano"Tarazona escribe un capítulo hasta la fecha inédito en la historia de la migración aragonesa. Mucho se había escrito sobre la migración de los pastores vascos, nada sobre Aragón. En el año 2008, persiguiendo las huellas de aquellos pastores que mediado el siglo XX sustituyeron los asequibles y familiares valles pirenaicos por la inmensidad desconocida del far west, el autor visitó California y algunos estados más de la costa Oeste para entrevistarse con algunos de aquellos héroes. Como consecuencia de esta primera visita y a pesar de tener en mente, en un principio, la escritura de un libro, Tarazona realizó el documental "Borregueros: Aragoneses en el Oeste Americano"

Uno de los protagonistas: Esteban Alegre Butía, natural de Berdún, en los pastos californianos
Tras esta primera experiencia, en 2009 el autor completó su trabajo de campo y su investigación con un nuevo viaje a Estados Unidos. A su regreso, ya tenía material suficiente para completar un libro que hoy es una realidad y que ronda las 350 páginas de historia viva, presentado en esta primera edición acompañado por el DVD del documental.

Manuel Val, natural de Lanaja, en su troke


Imaginemos por un momento a aquellos pastores, recién llegados a tierras americanas, procedentes de localidades como Ansó, Berdún, Hecho, Fago, Sariñena, Lanaja... El cambio que supone llegar desde la España regida por la dictadura al país de las libertades. Pero no solo eso. Las dificutades que tuvieron que enfrentar y las profundas diferencias, incluso, en el propio oficio de pastor. Algunos no lograron completar sus primeros meses y regresaron a España. Otros, más afortunados, todavía hoy viven en Estados Unidos, como residentes norteamericanos, perfectamente adaptados en la vida local. 



"Borregueros..." trata una historia real, apasionante donde Carlos Tarazona, una vez más, demuestra su compromiso con la historia de Aragón, con su memoria y la minuciosidad en sus exhaustivas investigaciones. El libro se podría dividir en dos partes bien diferenciadas. En primer lugar, el autor nos invita a conocer a los primeros aragoneses que poblaron, durante la colonización, el Nuevo Mundo y la suerte que corrieron para, seguidamente, abordar el comienzo del pastoreo en Estados Unidos y cómo los primeros españoles que fracasaron durante la fiebre del oro supieron reconvertirse de esta manera. El lector podrá averiguar cómo comenzó esta demanda de pastores y el trascendental papel que jugó la Western Range Association para conseguir que aquellos aragoneses que decidieron cambiar el rumbo de sus vidas, llegaran al continente americano con un contrato firmado bajo el brazo: el contrato en origen, una manera de actuar muy moderna para estar hablando de mediados del siglo XX. El autor cuenta los avatares de un viaje largo y en ocasiones, demasiado dificultosos y la llegada de aquellos pastores a una tierra extraña donde el idioma era el primer gran escollo que debían afrontar. Pero aquello solo era el principio. Aquellos nuevos emigrantes deberían enfrentar una nueva manera de pastorear, unos peligros distintos a los de Aragón, un paisaje que nada tenía que ver con los valles del Pirineo o de la Ribera, un clima extremo, muy distinto. En primer lugar, en Estados Unidos pastoreaban rebaños mucho mayores que en España, con distancias a recorrer que triplicaban las conocidas hasta entonces. Los peligros que acechaban al rebaño y al propio pastor (coyotes, serpientes de cascabel, tornados...), nada tenían que ver con los de su tierra. Sin duda, la gran capacidad de adaptación de aquellos hombres y la capacidad de improvisación mostrada, pronto  sería positivamente valorada por los ganaderos. Durante el libro, Carlos Tarazona destaca esa gran capacidad de improvisación y la enorme adaptabilidad de aquellos primeros pastores aragoneses que llegaron, principalmente, a Califoria. Por otro lado, Severino Pallaruelo, en un estupendo prólogo, habla de cómo el paisaje moldea al personaje. Sin duda el paisaje del Oeste americano debió moldear a aquellos pastores que, como se narra en el libro, debieron soportar grandes periodos de soledad. En la segunda parte del libro, se nos ofrece una detallada biografía de cada uno de aquellos pastores. 

Carlos Tarazona presentó en Jaca "Borregueros" con el Ateneo Jaqués, en compañía del escritor y profesor Severino Pallaruelo
La soledad del pastor inmigrante, junto al rebaño y a su fiel perro. La lejanía de los seres queridos, la ausencia del hogar, la tierra extraña, el silencio y la imposibilidad de comunicación, debido al extraño idioma. Ingredientes suficientes para hacer de estas historias humanas, unos western de la vida real. Por ello, el libro "Borregueros: desde Aragón a Oeste americano", aunque completamente real, también se puede leer como un western aragonés. Y como en algunas otras ocasiones, esta vez, la realidad supera a la ficción. 
Ángel Corrales y Mauel Val, con un magnetófono y los libros para estudiar Inglés

Reflexión: El libro también nos lleva a la reflexión. Hoy en día, un buen número de seres humanos se ven obligados a renunciar a su patria, a sus familias, para buscar una mejor suerte que, a menudo, se resume en la supervivencia. llegando así a países desconocidos, con costumbres e idiomas muy diferentes a los suyos. Poco entendimiento reciben estos nuevos inmigrantes de los países que los reciben. Demasiadas puertas cerradas en contra de contados brazos abiertos. Nula empatía. Acusamos una lamentable falta de memoria. No es necesario retroceder mucho en el tiempo para vernos a nosotros mismos o a nuestros antepasados, como emigrantes hacia una tierra prometida. Por otro lado, la segunda reflexión concierne al oficio de pastor. Estos aragoneses que son protagonistas de "Borregueros..." accedían sin problema al oficio de pastor pues era un trabajo mal considerado socialmente en Estados Unidos y estaba reservado para la mano de obra extranjera, exclusivamente. De nuevo, la falta de memoria. Actualmente son los inmigrantes que llegan a España los que pastorean nuestro rebaños.

Presentación en Jaca
El Ateneo Jaqués ha colaborado con el autor organizando recientemente la presentación en la Biblioteca Municipal de Jaca.Este fin de semana, de nuevo con el Ateneo Jaqués, Carlos Tarazona presentará "Borregueros: desde Aragón al Oeste americano" en la Fête du livre de Oloron Sainte-Marie (Francia) donde, por parte del ateneo, también acudirán Raúl Herrero, presentando "Sombra salamandra" y Miguel Ángel Yusta, que acude con su poemario "Ayer fue sombra". 






viernes, 14 de abril de 2017

Joaquin Carbonell, música y literatura

Joaquín Carbonell presentó "El carbón y la rosa" en el Centro Cívico Universidad de Zaragoza el pasado 9 de marzo. Fotografía del concierto, por Daniel Beltrán Novials.

El pasado 9 de marzo asistíamos en el Centro Cívico Universidad (Zaragoza) a la presentación en directo del nuevo álbum de Joaquín Carbonell, "El carbón y la rosa", bello y potente título heredado de la poeta Concha Méndez, perteneciente a la Generación del 27, opacada por la masculinidad imperante y miembro de las llamadas "sin sombrero", escritoras de la época que mostraron su rebeldía ante la sociedad despojándose de aquella prenda imprescindible para toda "mujer de bien" en la España pre y post-bélica.  El cantautor turolense (allocino) ofreció un recital memorable cantando diez de las doce canciones del nuevo disco, con una ejecución perfecta y un sonido pulcro, marca de la casa, especialmente, en este último trabajo que algunos ya señalan como el mejor de su dilatada cerrera, o al menos comparable a aquel primer "Con la ayuda de todos". Carbonell estuvo acompañado en el escenario por José Luis Arrazola (guitarra), Coco Balasch (contrabajo) Richi Martínez (teclados), Roberto Artigas "GranBob" (percusiones) y Kalina Fernández (violín) y además del nuevo disco, sonaron temas clásicos como "Pascual", "Canción para Dimitris" (de nuevo, uno de los momentos más emotivos del concierto) o "Me gustaría darte el mar" y algunas sorpresas en clave de homenaje, como el tributo a Leonard Cohen, con una versión en español de "Dance me to the end of love", un recuerdo a Luis Eduardo Aute o, por supuesto, al siempre presente José Antonio Labordeta.
Momento del concierto
Pero no solo hablaremos de música, como ya podemos intuir por el título de esta entrada. Porque en los últimos tiempos, la faceta de Joaquín Carbonell como escritor también ha dado su fruto más redondo con la fantástica novela "Un tango para Federico" (Voces del mercado 2016) cuyo atrayente punto de partida es el fugaz encuentro que vivieron Federico García Lorca y Carlos Gardel en Buenos Aires. Los dos astros coincidieron en la calle Corrientes, a la salida del Teatro Smart. Se sabe que tomaron unas copas en un próximo cafetín y que, acto seguido, acompañados por el constante séquito gardeliano y algunos amigos del poeta, acabaron en la casa del morocho del abasto, Lorca al piano, cantando unas coplas y Carlitos, a lo suyo, dedicando unos tangos al granadino. A pesar de que en aquella congregación nocturna se encontraban presentes varios periodistas, nadie desveló lo ocurrido en la casa, más allá de los nimios datos que aquí hemos revelado. Más aún. Pasados unos días de aquel encuentro, Gardel atendió a la prensa barcelonesa en un corto desembarco rumbo a París. Nada reveló sobre aquel encuentro con el que, entonces, era el mayor dramaturgo español. Lorca actuó de manera idéntica. Para ambos, la muerte (Gardel en 1935 y Lorca en 1936) selló aquel pacto de silencio. Joaquin Carbonell, en su novela, otorga una explicación al misterio y cuenta los hechos ocurridos aquella noche en casa de Gardel de manera verosímil y perfectamente factible. Además, la novela nos presenta la historia de Pedro Sariñena, un joven periodista que, en los años ochenta, debe investigar los pasos de Lorca en Argentina para elaborar un documental. El encuentro del poeta con el cantante y actor argentino le resulta tan atractivo y deslumbrante que, dejándolo todo, se dispone a investigar todos los entresijos de aquella noche en la que Buenos Aires fue testigo de un encuentro estelar. "Un tango para Federico" está cuajada de interesantes personajes ficticios contaminados por la vida y otros reales, como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Pablo Suero, Enrique Amorim o los propios Lorca y Gardel. Además, el nudo de su argumento representa una buena oportunidad para establecer comparaciones entre la España franquista y la dictadura de Videla en Argentina, así como el contrapunto con la libertad, representada por la España republicana, en un final que culmina en la tierra donde reside las raíces de este periodista, Pedro Sariñena: Jaca. Precisamente estuvo en Jaca Federico García Lorca, con su compañía teatral "La Barraca", unos meses antes de partir para su viaje hacia Sudamérica. "La barraca" representó en Canfranc y en Ayerbe
Joaquín Carbonell antes de comenzar la presentación de "Un tango para Federico" en la Biblioteca Municipal de Jaca 
Carbonell firmando ejemplares de "Un tango para Federico" en Hecho (Huesca)

También Carbonell, como su protagonista Pedro Sariñena, partió de un documental sobre Garcia Lorca que la crisis económica truncó. Pero a cambio nació esta extraordinaria novela, "Un tango para Federico" que, recientemente, presentó en Argentina y Uruguay experiencia que contó el pasado 31 de marzo, invitado por el Ateneo Jaqués en el Casino de Jaca, impartiendo la charla "Lorca en Sudamérica". Al día siguiente, 1 de abril, presentaba "Un tango para Federico" en Oloron Sainte-Marie (Francia) y ofrecía también un breve concierto para dar a conocer su disco "El carbón y la rosa" 
Presentación de libro y disco en la Médiathèque des Gaves de Oloron Sainte-Marie
Como vemos, una actividad extraordinaria la de Joaquín Carbonell, tanto en el plano musical como literario. Tampoco disminuyó su actividad con el grupo "Los 3 Norteamericanos" (trío formado junto a David Giménez y Roberto Artigas "Gran Bob") que también presentó disco en verano de 2016 Pero para finalizar esta entrada regresaremos al comienzo, de nuevo sobre "El carbón y la rosa", un álbum brillante donde cada canción es una pieza imprescindible de un engranaje que resulta fantástico. En este, su último trabajo discográfico (desde 2008 no había vuelto en solitario al estudio de grabación), Carbonell muestra su amplísimo "mapa de carreteras emocionales" (como lo definió Matías Uribe aquí ), su completo paisaje musical donde expone todas las influencias que han nutrido su estilo personal en lo que resulta una gran variedad de registros que viajan del blues al bolero, pasando, por el rock and roll doo-wop del más puro estilo oldie o la rumba. Desmenuzaremos, uno a uno, los doce temas del álbum:

Abriendo el disco encontramos una canción que nació para single, una de esas que ya parecen un éxito antes de nacer: "Género chico", que, vestida de fracaso sentimental, en realidad, puede suponer toda una declaración de humildad ante el mundo salvaje que nos consume, una constante a lo largo del disco. Versos como "soy un vulgar ladrón de bombillas", "buscando un brazo amigo entre la basura" o "mi paraíso es un desengaño" resultan más que reveladores. La melodía, muy pegadiza, camina respirando herencias de temas oldies. Continúa a esta la balada "Acuérdate de mi", una canción de desamor con ecos de Brassens que se desarrolla sobre un inequívoco ambiente contaminado de desesperanza, un "total abandono" que parece afectar a algún plano más que el sentimental: "será como un desahucio, será como un suicidio" nos asegura el autor en la primera estrofa y refuerza, posteriormente, "mientras alguien se besa, un niño va a la guerra". "No me olvides princesa, cuando esto se derrumbe" es el broche del estribillo donde queda perfectamente claro que "esto" que se derrumba no es tan solo una relación. "De Teruel nos cualquiera" es la primera canción que conocimos de este disco ya que fue compuesta en el año 2014 Recuerdo ahora, durante la presentación de "El artista" en Jaca, que Carbonell prácticamente estrenaba allí esta canción que, como hemos dicho ya con "Genero chico", parecía nacer siendo ya un éxito. Se trata de un tema de carretera con fuerte aroma country reforzado en la versión del disco por la armónica de Gran Bob o  el banjo. La letra, potente, una de las más bellas del disco ("Cuando abrí los ojos me inundó un asombro mineral"/"El mudéjar no es una decoración. Hay estrellas para comprar"/"Si las calles muerden al pasear" o el propio estribillo "La noche brilla más que el sol donde tú eres el timonel") conforma el mejor himno "no oficial" para la tierra de Teruel, ávida de canciones como esta, donde perfectamente queda plasmada su esencia. En varias ocasiones ha reconocido Carbonell su conexión con la rumba catalana recordando la música de Peret que solía escuchar constntemente en la radio y es que nunca es tarde para incluirla en el repertorio. Es el caso de "Nada será lo mismo": "Es tan suave, tu boca en retirada. Es tan bella tu mano, camarada". De nuevo, una letra potente desde una leve amargura parece siempre presente, contrastando aquí con el tono festivo de la rumba: "Es amargo el otoño en primavera, unos hombres quemaron mi cabaña"/"Es el tiempo del lobo y su cintura". La quinta canción del disco merecería un capítulo entero, dentro del libro que nos hable de este trabajo. Ácido pero romántico bolero con letra del poeta zaragozano Juan Leyva, muy zaragozana ("Llámame y nos daremos una vuelta en tranvía desde Pablo Neruda hasta Mago de Oz" -calles que acogen la primera y última parada del tranvía n la ciudad del cierzo) y muy adecuada para un bolero. Titulada "Llámame", como todo bolero que se precie, invita a la danza lenta, cuerpo a cuerpo. Más que destacable resulta aquí la guitarra de José Luis Arrazola, "a lo Santana". Continúa el canto a lo cotidiano, con la marchosa "Baja la vida" , en la que Carbonell, con ritmos que nos remiten a Cabo Verde, hace referencia, desde el vacío, a la situación actual "Baja la vida, sube el pan", con un estribillo muy acertado y pegadizo. La séptima es un gran blues con ecos de rock y guiño sabinero incluido "A tu madre no le gusta que te cante 'Peor para el sol' ". "A tu madre no le gusta" es deliciosamente macarra y atrevidamente gamberra: "A tu madre no le gusta que te escriba sonetos, prefiere aquellos ripios de aquellos mamotretos"/"Si quieres un seguro, nena, no busques un artista", de nuevo con un espléndido Arrazola a la guitarra. Y después de la explosión del rock y del blues, nos relajamos con una delicatessen titulada "Dónde estabas tú", de nuevo, rematada con una espléndida letra de Juan Leyva. Canción especialmente apropiada para la carretera, con algún eco country, que brilla especialmente en su estribillo "¿Dónde estabas tú cuando un beso era brindar por tu salud? ¿Cuando el sol no amanecía y morirse era virtud? pero ¿dónde dónde estabas tú?...cuando ardían los periódicos al sur...".  En el noveno tema del disco todo se detiene. Y es que estamos ante una canción que merece un alto en el camino. Una árida crónica periodística, musicalizada, donde un niño pone voz a la España republicana ("Una cruz sin reproches"/"Un maestro con sueños"/"Unos niños cantando sin mirar hacia el sol") después, al estruendo de las bombas ("El invierno ha llegado, ha llegado a Madrid"), para pasar, posteriormente, a ser un niño de la posguerra ("La memoria es oscura"/"Una madre que es padre"). Y decimos crónica porque parece la mirada del periodista que también es Carbonell, sin tomar partido, pero reflejando el inminente dolor, de golpe el vacío, la ruptura definitiva que supuso un conflicto entre hermanos. Evocadora, "La maceta de arroz" fue, en el directo del 9 de marzo, uno de los momentos más emotivos del recital. Una letra brillante, que evoluciona hacia las tres partes ya referidas anteriormente, cuenta con una influencia kafkiana: "Escríbeme a la guerra después de nadar. Me gusta que tus cartas sepan a mar", recordando la anotación de Kafka: "Hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde me fui a nadar". Esta mirada periodística se repite en la canción número 10 sobe un drama cotidiano y concretamente real, de nuestra actualidad. El ritmo, de inconfundible influencia oldie (años cincuenta/sesenta), contrasta con la crudeza de una letra que cuenta el desahucio donde una adolescente ve truncada su vida, ve cómo desaparece el suelo bajo sus pies, arrojada su familia a la calle: "La tele repite que hay que cumplir la ley". Es "Juana tiene frío" que, basada en un drama familiar real, plasma a la perfección la injusticia de la que es víctima nuestra sociedad, a manos de los depredadores que siguen ocupando la cúspide de esta cadena fratricida. Nunca pasará de moda el vals con ecos de ranchera, afirmó Carbonell durante el concierto del día 9 y bajo esta premisa nace una de las mejores y más festivas canciones del disco: "El beso de un okupa". "Lo más valiente ahora es ser poeta para decir te quiero sin avales". Con estos versos comienza una letra que invita a ser coreada. Y su estribillo ("Soy tu abre coches, ministro vagabundo y dejaré que me mires con lupa, que 24 caricias por segundo es más o menos el beso de un okupa...Aún tengo fuerzas para sacarle arena a tanta playa") es de los que dejan huella. Esta canción fue interpretada recientemente en el Casino de Jaca y en la Médiathèque de Oloron Sainte-Marie. Y llegamos al final de "El carbón y la rosa" con un cierre por todo lo alto que resulta un divertimento delicioso: "Vivir es una errata", un recuerdo al grupo formado junto a Gran Bob y David Giménez, "Los 3 Norteamericanos", un rock and roll doo-wop , muy bailable y digno de ser compuesto en los años sesenta que, además atesora una letra llena de encanto: "Deja que piense en ti esta mañana, este calor ha sido inspirador. Buñuel nos mira junto a Viridiana, las flores se marchitan con dolor", dice uno de los versos, segunda referencia a Luis Buñuel (la anterior en "De Teruel no es cualquiera").
El pasado 31 de marzo en el Casino de Jaca, Carbonell interpretando "El beso de un okupa"
Joaquin Carbonell junto a Lucía Pons, presentando "Un tango para Federico" en Villanúa (Huesca)
A los visitantes blogueros que hayan llegado hasta el final de este artículo no puedo más que recomendar encarecidamente la lectura de la novela "Un tango para Federico" y por supuesto, a mis amigos melómanos, no dejen de escuchar "El carbón y la rosa". Si sois consumidores de Spotify, lo encontraréis aquí. Y ahora les dejamos con "De Teruel no es cualquiera" (aquí en el Festival Barnasants de 2015)  en un versión algo más calmada que en el disco: