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domingo, 19 de marzo de 2017

Fernando Arrabal en persona

Fotografía de Julio Miranda

Experiencia Arrabal

Entrar en Madrid procedente de Aragón siempre me ha resultado sumamente sencillo. Sin embargo, el asunto se complica y adquiere cierta enjundia si uno decide visitar lugares ignotos y lanzare así a la improvisación, a calzón quitado y por supuesto, desprovisto del detestable y común aparatejo de voz tomada que algunos llaman "navegador". "¿Pero vienes sin navegador?" -preguntan, ojipláticos-. Y entonces piensas en sus padres, en sus abuelos, todos sus antepasados "navegando" por aquellas carreteras estrechas y vericuetos donde nunca perdían rumbo ni escuchaban esa absurda y fanfarrona celebración: "¡Se ha perdido la señal GPS!". Premisa a tener en cuenta: si por primera vez visitas Majadahonda y debes regresar a Madrid, darás tantas vueltas a la M-30 que amenazarás la rotación terrestre. Precisamente de Majadahonda llegábamos mi excelso copiloto, Raúl Herrero y yo, después de entrevistar a Antonio Chicharro, hijo del poeta Eduardo Chicharro y de la pintora Nanda Papiri, para la revista del Ateneo Jaqués "El eco de los libres" y su dosier especial que dedicará al Postismo.
Durante la entrevista, junto a Antonio Chicharro y sus dos peludos amigos
Dos horas de retraso en la llegada al hotel propició que nuestra amiga Marta García tuviera que narrar, vía telefónica, los acontecimientos arrabalaicos en la Feria Internacional de Arte Contemporáneo. Rondaban ya las ocho y media de la tarde cuando todo el sol que faltaba en la noche de Madrid irrumpió en la cafetería de un hotel. Fernando Arrabal, con sus perpetuas cuatro lentes, lleva el universo por atuendo. Levanta dos dedos de la mano izquierda y sonríe como un travieso sátiro mientras sostiene al dios Pan, en un negro maletín, a la diestra. Abraza a su amigo y editor Raúl, besa a su amiga Marta, a Belén y estrecha mi mano llamándome "poeta", una palabra que hoy considero inventada solo para él. Toda su jornada ha discurrido en ARCO, atendiendo a la prensa, realizando largas entrevistas e ingiriendo litros y litros de Coca Cola, todo su alimento fierabrás. Tiene 84 años y más vitalidad que un joven de treinta. Accedemos a un reservado de la cafetería. Cuando Arrabal habla, cambia el paisaje. Con sencillez y de manera natural todo se vuelve ceremonial, casi ritual. Es inevitable. La liturgia del aprendizaje. El Maestro habla a sus discípulos que escuchan como quien recibe el Pan sagrado. Arrabal comienza diciendo que no es un genio y todos admiramos la humildad de una leyenda. Después desmenuza con sus dedos el mito del don Juan, del burlador de Sevilla; destruye al seductor. "¡Es mentira! -dice- Nunca ha existido". Y del amor, confiesa, también es falso. Habla de los salones de masaje, del burdel que regentaba en París la madre de Sara Bernhardt y de la asiduidad que le profesaban ciertos monarcas (Alfonso XIII y su catre con resortes, el zar de Rusia o el rey de Inglaterra) Habla de Bretón, Topor, Dalí y la navaja de Buñuel sobre el rechazo de Gala. Refiere a Ionesco, Picasso, Jodorovsky y a la vez, aporta una visión, como siempre, diferente, insólita y propia sobre los refugiados. Cuenta un chiste, recuerda el momento en que vio a la Virgen María, pregunta a cada uno de nosotros sobre hazañas sexuales, revela cómo estuvo a punto de morir asesinado en México D.F. y comentamos el artículo que acaba de publicar en ABC donde, precisamente, cita al poeta Eduardo Chicharro. Con Arrabal no existen las casualidades. Nada y todo son confusión y rigor. Se cumplen las once de la noche y los camareros no entienden de genialidades. Hay que abandonar la estancia. Arrabal sube a la habitación y el resto del grupo, ya descabezado, intenta inventar una noche que acaba de morir. Sin embargo, adquiero otro aprendizaje: nunca más visitar el local "Le Petit" en calle Margalejo donde un Manhattan es un granizado de viscoso color naranja.
Arrabal en ARCO. Fotografía de Marta García

Otra fotografía de una de sus innumerables intervenciones en ARCO. Fotografía de Marta García.
Fernando Arrabal, Raúl Herrero y yo en la mencionada cafetería del hotel. A esas alturas, la noche, ya es una naranja exprimida. Fotografía: Marta García

Al día siguiente, Marta, Raúl y yo encontramos a un Fernando Arrabal pletórico. Espera en la calle nuestra llegada. Quiere desayunar chocolate con churros. Yo advierto que en mi hotel carecían del clásico desayuno y él reacciona: "¡Es imposible! ¡Es Madrid! Si no hay churros en Madrid...¡es necesaria la revolución!". De camino al Bar Santander también alude a la dificultad de encontrar pistachos por donde quiera que vaya. Ese sábado el sol en la capital luce espléndido y nos dirigimos a  la terraza. Arrabal vislumbra una mesa solitaria con los restos de un desayuno madrugador. En concreto, una de las porras del plato parece intacta. Rapiña. "Sí, están buenas. Nos quedamos" -dice- Al desayuno acude el editor y amigo personal Juan Carlos Valera que ha regalado a Arrabal una obra con la que aparece en la entrevista de La Razón de esa misma mañana y el presidente de la Casa de Melilla en Madrid, Julio Miranda. A las doce del mediodía don Fernando ofrecerá una conferencia en la sala Cayón. Sin embargo, desayunamos sin ninguna prisa. Tenemos tiempo de recordar su obra epistolar dirigida a Fidel Castro y a Francisco Franco. Resume con rabia su llegada a Cuba y la horrible sensación de sentirse rico y poderoso, solo por ser europeo. Una leve sombra en sus claros ojos. No termina el chocolate. En cambio, apura la Coca Cola de su hija Delia.
Fernando el santo. Fotografía de Marta García

El trayecto a pie hacia la galería es delirante. Arrabal camina despacio porque es un observador que, además, disfruta de la conversación. Pregunta si es normal que los madrileños conduzcan tan deprisa y en mitad del cruce, comienza a torear los vehículos que pasan por su lado. Al fin llegamos a la sala y acude de nuevo la ceremonia. Un cenáculo donde los apóstoles rodean al maestro. Arrabal habla de la miseria que azota invariablemente a los más brillantes artistas. Solo conoció a un par de pintores que fueron afortunados y murieron ricos: Dalí y Picasso. El resto de poetas mueren ignorados y miserables. "Pero los poetas cambian el mundo" -advierte-. Recuerda también el momento cumbre del Surrealismo y la ceremonia de 1959, destacando la figura del artista Jean Benoît en "La ejecución del testamento del Marqués de Sade" y termina con la fundación del movimiento Pánico.
Instante de la conferencia en la sala Cayón. Fotografía de Julio Miranda
Instantes antes de terminar la conferencia. Fotografía: Marta García
Conocer a Arrabal es una experiencia única, un continuo aprendizaje. Es un maestro, un sabio que no se considera tal, un místico, casi un santo; es cercano, ofreciendo y despertando cariño entre las personas que lo rodean. En España y su habitual desconocimiento prevalece una idea muy alejada de la realidad. Ahora Arrabal está sentado en el centro de la mesa. A su derecha, Julio Miranda, Raúl Herrero y yo. A su izquierda, Marta García, Juan Carlos Valera y su paisano José Jóver. La Última Comida es en La Fábrica de calle Génova. Tiene la amabilidad de firmar algunos ejemplares de sus libros. Debe partir y nos parte la despedida, nos vacía. Con él vuela, en su maleta del dios Pan, un ejemplar de "El eco de los libres", revista que contará con su colaboración en el próximo número. Mis incipientes alas todavía no son fuertes para volar a París pero crecerán entre huellas arrabalaicas. Cada vez que se marcha, Arrabal deja huérfana a España y esta ciudad, desde hoy, debería cambiar su lema: "De Arrabal, al cielo".

Marcos Callau
(Artículo publicado en El Pirineo Aragonés, el 3 de marzo de 2017)

De izquierda a derecha: (Yo), Raúl Herrero, Julio Miranda, Fernando Arrabal, Marta García, Juan Carlos Valera y José Jóver. Fotógrafa anónima.




Agradezco la oportunidad de haber conocido a Fernando Arrabal, a mi amigo Raúl Herrero. No viviré vidas suficientes para agradecer tan suma hazaña.

Pasadas las horas y recién llegados a Zaragoza, sin embargo, la pesadilla de nuestra España cerril y cazurra entra en escena. Lamentamos profundamente esta noticia que más parece un latigazo contra la espalda: el Ayuntamiento de Madrid decide retirar los nombres de Max Aub y Fernando Arrabal de sus correspondientes naves 10 y 11 en el complejo cultural del Matadero. La indignada protesta y la reacción, poco secundada pero rápida, no se hace esperar. En las jornadas próximas asistimos al "recule" y Manuela Carmena tilda de "confusión total" el desbarre de Mateo Feijóo, cabeza visible del nuevo equipo de dirección en estos espacios y asegura que ambos nombres se mantendrán finalmente en las naves del Matadero. No obstante, parece que todavía resiste cierta reticencia a colocar de nuevo los rótulos que rezan Max Aub y Fernando Arrabal. POR FAVOR. Para una vez que habían ustedes acertado, no deshagan el camino, no nos hagan pasar más vergüenza. Pidan, si es necesario, ochocientas mil disculpas, pero no se muestren dubitativos, reaccionen como es debido y coloquen sin demora los rótulos donde corresponde. Si desean que el Matadero sea reconocido como un referente cultural, ¿cómo ir en contra entonces de la libertad, del conocimiento, de la propia cultura?, ¿cómo no rendir tributo a Max Aub y a Fernando Arrabal per saecula saeculorum? Por si acaso y para que quede claro, sumamos nuestro apoyo para que las naves 10 y 11 por siempre, lleven el nombre de Aub y Arrabal, respectivamente. Nombres que permanecerán aun si muere el Matadero. Publicamos la dos postales que Arrabal remitió a Manuela Carmena. La primera, cuando estalló la polémica. La segunda, un agradecimiento post-recule.


miércoles, 30 de marzo de 2016

Cervantes 400, según Arrabal

Libros del innombrable y por extensión, su editor, Raúl Herrero, conmemoran el cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes con un volumen cuidadosmanete editado que reúne dos obras de Fernando Arrabal, ofreciendo una visión diferente y novedosa sobre el universar autor alcalaíno. "Pingüinas", obra que se representó con éxito en el Teatro Español el año pasado (abril 2015) y el ensayo del que nace la citada obra, "Un esclavo llamado cervantes", ponen en bandeja a los ojos del lector el extenso universo de Fernando Arrabal a través de Cervantes. Cervantes, según Arrabal. Estos es, un Cervantes muy distinto al que estamos acostumbrados. 
Fernando Arrabal
De una mano y como principio, aunque situado en la segunda parte del volumen, tenemos el ensayo "Un esclavo llamado Cervantes". Aquí Arrabal sienta las bases de su pensamiento cervantino sobre el que, posteriormente, edifica la obra de teatro. Desde el título del propio ensayo podemos percibir que uno de los elementos centrales será la condición de cautivo que Cervantes sufrió en Argel y con la que el dramaturgo melillense se identifica, recordando su encarcelamiento en 1967 a manos del régimen franquista. Así mismo, recuerda Arrabal haber sido iluminado, durante su cautiverio, por la lectura de las obras de Miguel de Cervantes y concibe este ensayo como "una deuda pendiente" con el autor del Quijote. Por ello, es un ensayo más cercano a un diálogo entre Arrabal y Cervantes. Así mismo aparece en "Un esclavo llamado Cervantes" el rasgo que considero más destacable en este volumen: el lado femenino de Cervantes. A partir de las mujeres familiares que rodearon su vida (su madre, su abuela, sus hermanas, sus primas, su hija "bastarda") Arrabal construye su vida y concibe que todos los personajes femeninos en sus obras nacen de la influencia familiar, desde Aldonza Lorenzo hasta Galatea pasando por Sigismunda.  Mujeres fuertes, resolutivas que conformaron un modelo de vida para el futuro escritor. En definitiva, las cervantas familiares de la vida real caminan de la mano con las cervantas literarias. En el seno de la familia donde nació Miguel de Cervantes la figura del padre es gris, insignificante y resulta diluída. A menudo, la familia debía afrontar las deudas de este, que intentaba ganarse la vida pero que, en realidad, malvivía como barbero curandero. Las decisiones eran tomadas por las mujeres de la casa e incluso, durante su estancia en Toledo, regentaron una pensión con la que consiguieron salir adelante. En este punto, Arrabal alude a la puntual prostitución de la hermana del escritor, Andrea Cervantes que, al atender a señores pudientes en las habitaciones más reservadas de la pensión, abría las puertas para su familia a haciendas, terrenos y bienes con los que el cacique de turno reparaba muy gustoso el honor de Andrea. Efectivamente, el peso femenino en la vida de Cervantes supone el detrimento del masculino. De nuevo Fernando Arrabal conecta en su biografía con el universal alcalaíno: la ausencia del padre. 

Fernando Arrabal y sus Pingüinas
Estamos ante el Cervantes más feminista. Y a partir de esta condición, Arrabal también hace hincapié en la homosexualidad del escritor, especialmente, deteniéndose en su época como "camarero" del cardenal Acquaviva quien parecía estar enamorado de Miguel, llegando incluso a la frase definitiva: "Miguel de Cervantes hubiera querido nacer mujer". Además, el dramaturgo melillense, desmonta la leyenda del "manco de Lepanto" y nos cuenta cómo Cervantes, aunque estuvo condenado a perder la mano derecha, logró escapar y durante toda su vida conservó ambas manos, siendo lo contrario una leyenda muy bien alimentada. A propósito, el volumen que edita Libros del Innombrable está cuajado de imagenes de estatuas de Miguel de Cervantes donde siempre aparece representado con sus dos manos.

Estatua de Miguel de Cervantes en Valladolid, con ambas manos.
 Mucho más que todo esto. Arrabal también repasa los comienzos del joven Migul. Los lugares que conoció, sus viajes, la influencia que sobre él ejerció el teatro de Lope de Rueda. A través de Cervantes, Arrabal ofrecé su personal visión sobre la religión, la filosofía y la Historia de España, desde los líos de faldas y el supuesto fratricidio que sacudió el reinado de Felipe II hasta el mismo golpe de Estado de Tejero., pasando inevitablemente por las sombras alargadas de la dictadura franquista. Una visión muy particular y sobretodo, feminista que obtiene su eco, posteriormente, en la obra teatral "Pingüinas". En ella se dan cita diecisiete personajes femeninos, aunque solo diez de ellas, con voz: Torreblanca, Luisa de Belén, Constanza, María, Andrea, Magdalena, Martina, Catalina, Isabel y Leonor. Todas ellas son las familiares de Miguel de Cervantes (Miho, en la obra), desde su abuela, hasta su hija, pasando por su madre, sus hermanas (Luisa, la hermana monja, da mucho juego) sus tías y sus primas. En esta obra se da cita el caos y la confusión propias del Arrabal dramaturgo, el pánico y el absurdo. Las diez cervantas, en la obra, son moteras, "ángeles del infierno" que, montadas en sus motos, luciendo vaqueros del siglo XXI y corpiño del XVI, divagan sobre Miho, su obra y todas las derivaciones que ya hemos citado, referentes al ensayo. Las cervantas entran en trance, como si fueran ménades y Arrabal las convierte en derviches femeninas (dervichAs) que giran y giran en espiral para ascender hasta Miho, quien atesora la única y posible libertad. La representación de la obra, en abril de 2015, contó con un súper producción, muy espectacular y contó con la buena aceptación del público y la crítica. Paloma Fidalgo, para "It's Playtime" la calificó como mejor obra de Arrabal"

"Pingüinas"/"Un esclavo llamado Cervantes" representa la mejor forma de conmemorar literariamente el cuarto centenario de la muerte de Cervantes. El libro fue presentado el pasado 19 de marzo en Jaca (Huesca) con el Ateneo Jaqués  y ayer en Zaragoza. De momento, está confirmada la próxima presentación en Barcelona. Dejamos una imagen de la presentación en Jaca y recomendamos este título a todo bloguero que asome su mirada por aquí.
Raúl Herrero, en calidad de editor, presentó el libro en Jaca el pasado 19 de marzo en Jaca en el acto que supuso un recuerdo a Miguel de Cervantes. Yo tuve el placer de acompañarle.