Mostrando entradas con la etiqueta La Boheme. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Boheme. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de abril de 2013

Haciendo de Zaragoza, un París cualquiera

Y nos es tan complicado... Basta con levantarse temprano, una mañana gris y lluviosa de finales de otoño. Basta con caminar bajo las buhardillas que no han apagado sus luces en toda la madrugada, dejarse llevar por la bohemia solitaria... y llegar a un pequeño Café, con música francesa, con flores, con pintura, con fotografías en blanco y negro, dedicadas al jazz. Basta con pasear las viejas calles cercanas al Coso, la plaza de las catedrales y derivar, después y sin remedio, a la orilla del río. Pasar los puentes y visitar un parque de la rivera, refugiarse del cierzo, levantar el cuello del gabán y seguir caminando. Aquí no hay un faro que nos guíe en la tempestad, no existe Eiffel para el vagabundo del Ebro pero ¡qué carajo! ¿hay mejor faro que la torre de la Seo para encauzar nuestro rumbo?. Esta mañana me apetecía hacer de Zaragoza un París canalla.


Pasaje del ciclón (Zaragoza)
Cuando pienso en ti…
…me gusta pasear
bajo las luces
en el pasaje del ciclón
(mi huracán particular),
cuando los comercios
levantan sus persianas
al nuevo día,
cuando tus pestañas
abanican los sueños
de esta ciudad.

Y te espero.

Aunque me sienta flor de plástico
 en la terraza
de un Café Botánico,
escucho música francesa
y recapitulo palabras en tus labios.
Dices bésame, en Inglés
y es el nombre de un pequeño restaurante,
pero yo deseo besarte
cada instante
que se detiene junto a ti.

 Esta mañana de invierno
no estás en el Café Botánico.

Flores marchitas se desparraman por las paredes.

Ayer comentaste que querías mudarte
al otro lado del río.
Pero mañana será hoy.
Seguirás presente en esta orilla,
cuando mil palomas
lleven mis poemas
al otro lado del río
y tú, sin darte cuenta,
pienses que el cierzo
silba tu nombre
y te rodea con sus alas,
cálidamente…
amándote.


La bohème, en voz de Soledad Giménez:

Este poema está publicado en el libro solidaro Escribiendo esperanza, libro que hoy presentamos a las ocho de la tarde en Sabiñánigo, en la Casa de Cultura Antonio Durán Gudiol (C/ Pedro Sesé, 2)

jueves, 22 de noviembre de 2012

Ensayo de bohemia


Existen ciertas casualidades que nunca ocurren en una vida.

Cada día soy cada vez más
el viejo del andén
que espera ese loco tren
llamado felicidad.

Contempla cómo pasa
y si algún día se detiene,
llega tarde,
no consigue subir a bordo.

La felicidad es una palabra suave,
llena de fragilidad.
El viejo no quiere romperla.

Hoy está sentado en un agradable local
de aire francés.
Susurra versos
tan lejos de la felicidad
que duda si ella está escuchando
o el viento borra las palabras
que valen horas
en el Café del péndulo fosilizado.

¿Por qué ha sabido hoy
de la nostalgia?

Son las palabras no pronunciadas
que agonizan en los labios,
el vinilo ensayando
canciones de los ochenta
a la chica de al lado
que desea soledad,
los días llenos de papeles blancos
cuando el viejo ha perdido el bolígrafo
en su traje repleto
de bolsillos rotos.