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viernes, 12 de enero de 2018

En un profundo sueño




Deep in a dream

Rastreo rastrojos astrales
en la faltriquera
que guarda mis memorias.
Buceo hinojos lunares
y en la mosquitera muere un pez
con sus historias.
¿Alguna vez rompiste un címbalo
un lebrillo
una alcarraza
liberando así un planeta?
Perseo manojos empuña 
de sierpes en vela.
Cambio la espera de la piedra
por antojos de cuna
persigo los ojos de mi amada
que parpadean mi condena.
¿Alguna vez divisaste un alcázar
un castillo
una almena
liberando así mi algazara?

Rastrojo rastreos astrales
en la pasarela,
heces blancas de luna,
legañas en vela;
tus sueños.

(©Marcos Callau)



lunes, 25 de septiembre de 2017

Lifelines: Andrea Corr y su botella de náufraga


Todos aquellos que hayan visitado este blog y especialmente, las entradas dedicadas a la música, sabrán perfectamente que en mi repertorio melómano preferido se encontraba, hace ya mucho tiempo, la voz de  Andrea Corr, irlandesa de Dundalk, solista de The Corrs, grupo folk y familiar que la catapultó a la fama en la década de los noventa con baladas como "Runaway" o canciones más festivas como "Right time" de inconfundible sabor celta. Junto a sus hermanos grabó, desde 1995 a 2005, cinco discos de estudio, tres directos y se publicaron dos recopilatorios, todo esto, en diez años, alcanzando el cénit artístico con el ya mítico MTV Unplugged de 1999 y estrenando temas tan interesantes como este.  Durante esta década, The Corrs cosechó éxitos que quedaron imborrables en la memoria del pop de finales de los noventa y principios de los 2000, como "What can I do", "At your side", "Only when I sleep""Radio", "Breathless" o versionando, con muy buen criterio y excelente resultado, clásicos como "Dreams" (Fleetwodd Mac),  "Little wing" (Jimi Hendrix) , "Everybody hurts" (REM) o "The long and winding road" (Beatles). Si bien es cierto que el conjunto de los hermanos Corr derivaron de un interesante pop con  muy marcadas reminiscencias irlandesas a un descarado estilo más descarnado y comercial, también lo es que Andrea Jane se convirtió, gracias a todos aquellos álbumes, en una de las voces más familiares de los noventa y principios del siglo XXI, desbancando a otras supuestas rivales que intentaban seguir el mismo camino, véase, por ejemplo, Natalie Imbruglia o Leigh Nash, cantante del grupo tejano Sixpence none the richer. Lo cierto es que, en cualquier caso, Andrea también fue pasto de esa evolución hacia la música comercial que sufrió el grupo y quizá por ello, en 2007, decidió dar el gran salto y sacar su primer álbum en solitario, Ten Feet High. Inesperadamente, el resultado final de este álbum es un mero producto comercial que carecía de interés, alejándose más aun de raíces irlandesa y pactando descaradamente con un pop demasiado cercano a Madonna. Afortunadamente, este fue solo el primer intento en solitario de Andrea. 
Andrea Corr 
Ahora que se anuncia para el próximo 10 de octubre el séptimo álbum de The Corrs titulado Jupiter calling, quiero recordar el segundo disco en solitario de Andrea, un interesantísimo e íntimo trabajo, en las antípodas del anterior Ten Feet High, donde la irlandesa recupera sus influencias musicales particulares, un apartado personal que, según sus propias palabras, se había visto ahogado por la trayectoria de The Corrs. Así que este Lifelines, publicado en 2011, supone un balón de oxígeno para la cantante que repasa clásicos de un repertorio muy amplio, desde un plano muy íntimo. Por ejemplo, encontramos una respetuosa versión de Pale blue eyes (Lou Reed), una genial Blue bayou (Roy Orbison)  o una personal Nº9 Dream (John Lennon). Entre clásicos de Harry Nilsson o Vangelis, Andrea Corr regala una versión de jazz, el estándar I'll be seeing you, clásico recurrente que no tiene parangón, compuesto por Irving Kahal y Sammy Fain en 1938, que representa el mayor acierto de Lifelines. Aún reservaba Andrea una sorpresa para los coleccionistas y es que, aquellos que se hicieran con la edición limitada del álbum pudieron disfrutar de otro regalazo, la versión que la cantante  rubrica de You've got a friend (James Taylor).  Ademas, es necesario señalar que Andrea, contó para este álbum con la colaboración de músicos como Brian Eno o Sinéad O'Connor. Sin duda, Lifelines es la mejor versión de Andrea Corr en solitario. La cantante se encuentra aquí en un estado de gracia que se prolongó, posteriormente, en el álbum de estudio que grabó con The Corrs, cuatro años más tarde, el titulado White light. 
Andrea Corr en el concierto con The Corrs MTV Unlugged (1999)
Andrea Corr, que habitualmente tocaba el tin-whistle, ha incorporado recientemente el ukelele en sus conciertos.

Es la voz de Andrea Corr deudora y cercana a anteriores vocalistas como Agnetha Fältskog (ABBA), Karen Carpenter (Carpenters) o Yvonne Elliman, alcanzando plena madurez en este Lifelines del que extraemos una versión muy personal del clásico de jazz I'll be seeing you.


viernes, 14 de abril de 2017

Joaquin Carbonell, música y literatura

Joaquín Carbonell presentó "El carbón y la rosa" en el Centro Cívico Universidad de Zaragoza el pasado 9 de marzo. Fotografía del concierto, por Daniel Beltrán Novials.

El pasado 9 de marzo asistíamos en el Centro Cívico Universidad (Zaragoza) a la presentación en directo del nuevo álbum de Joaquín Carbonell, "El carbón y la rosa", bello y potente título heredado de la poeta Concha Méndez, perteneciente a la Generación del 27, opacada por la masculinidad imperante y miembro de las llamadas "sin sombrero", escritoras de la época que mostraron su rebeldía ante la sociedad despojándose de aquella prenda imprescindible para toda "mujer de bien" en la España pre y post-bélica.  El cantautor turolense (allocino) ofreció un recital memorable cantando diez de las doce canciones del nuevo disco, con una ejecución perfecta y un sonido pulcro, marca de la casa, especialmente, en este último trabajo que algunos ya señalan como el mejor de su dilatada cerrera, o al menos comparable a aquel primer "Con la ayuda de todos". Carbonell estuvo acompañado en el escenario por José Luis Arrazola (guitarra), Coco Balasch (contrabajo) Richi Martínez (teclados), Roberto Artigas "GranBob" (percusiones) y Kalina Fernández (violín) y además del nuevo disco, sonaron temas clásicos como "Pascual", "Canción para Dimitris" (de nuevo, uno de los momentos más emotivos del concierto) o "Me gustaría darte el mar" y algunas sorpresas en clave de homenaje, como el tributo a Leonard Cohen, con una versión en español de "Dance me to the end of love", un recuerdo a Luis Eduardo Aute o, por supuesto, al siempre presente José Antonio Labordeta.
Momento del concierto
Pero no solo hablaremos de música, como ya podemos intuir por el título de esta entrada. Porque en los últimos tiempos, la faceta de Joaquín Carbonell como escritor también ha dado su fruto más redondo con la fantástica novela "Un tango para Federico" (Voces del mercado 2016) cuyo atrayente punto de partida es el fugaz encuentro que vivieron Federico García Lorca y Carlos Gardel en Buenos Aires. Los dos astros coincidieron en la calle Corrientes, a la salida del Teatro Smart. Se sabe que tomaron unas copas en un próximo cafetín y que, acto seguido, acompañados por el constante séquito gardeliano y algunos amigos del poeta, acabaron en la casa del morocho del abasto, Lorca al piano, cantando unas coplas y Carlitos, a lo suyo, dedicando unos tangos al granadino. A pesar de que en aquella congregación nocturna se encontraban presentes varios periodistas, nadie desveló lo ocurrido en la casa, más allá de los nimios datos que aquí hemos revelado. Más aún. Pasados unos días de aquel encuentro, Gardel atendió a la prensa barcelonesa en un corto desembarco rumbo a París. Nada reveló sobre aquel encuentro con el que, entonces, era el mayor dramaturgo español. Lorca actuó de manera idéntica. Para ambos, la muerte (Gardel en 1935 y Lorca en 1936) selló aquel pacto de silencio. Joaquin Carbonell, en su novela, otorga una explicación al misterio y cuenta los hechos ocurridos aquella noche en casa de Gardel de manera verosímil y perfectamente factible. Además, la novela nos presenta la historia de Pedro Sariñena, un joven periodista que, en los años ochenta, debe investigar los pasos de Lorca en Argentina para elaborar un documental. El encuentro del poeta con el cantante y actor argentino le resulta tan atractivo y deslumbrante que, dejándolo todo, se dispone a investigar todos los entresijos de aquella noche en la que Buenos Aires fue testigo de un encuentro estelar. "Un tango para Federico" está cuajada de interesantes personajes ficticios contaminados por la vida y otros reales, como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Pablo Suero, Enrique Amorim o los propios Lorca y Gardel. Además, el nudo de su argumento representa una buena oportunidad para establecer comparaciones entre la España franquista y la dictadura de Videla en Argentina, así como el contrapunto con la libertad, representada por la España republicana, en un final que culmina en la tierra donde reside las raíces de este periodista, Pedro Sariñena: Jaca. Precisamente estuvo en Jaca Federico García Lorca, con su compañía teatral "La Barraca", unos meses antes de partir para su viaje hacia Sudamérica. "La barraca" representó en Canfranc y en Ayerbe
Joaquín Carbonell antes de comenzar la presentación de "Un tango para Federico" en la Biblioteca Municipal de Jaca 
Carbonell firmando ejemplares de "Un tango para Federico" en Hecho (Huesca)

También Carbonell, como su protagonista Pedro Sariñena, partió de un documental sobre Garcia Lorca que la crisis económica truncó. Pero a cambio nació esta extraordinaria novela, "Un tango para Federico" que, recientemente, presentó en Argentina y Uruguay experiencia que contó el pasado 31 de marzo, invitado por el Ateneo Jaqués en el Casino de Jaca, impartiendo la charla "Lorca en Sudamérica". Al día siguiente, 1 de abril, presentaba "Un tango para Federico" en Oloron Sainte-Marie (Francia) y ofrecía también un breve concierto para dar a conocer su disco "El carbón y la rosa" 
Presentación de libro y disco en la Médiathèque des Gaves de Oloron Sainte-Marie
Como vemos, una actividad extraordinaria la de Joaquín Carbonell, tanto en el plano musical como literario. Tampoco disminuyó su actividad con el grupo "Los 3 Norteamericanos" (trío formado junto a David Giménez y Roberto Artigas "Gran Bob") que también presentó disco en verano de 2016 Pero para finalizar esta entrada regresaremos al comienzo, de nuevo sobre "El carbón y la rosa", un álbum brillante donde cada canción es una pieza imprescindible de un engranaje que resulta fantástico. En este, su último trabajo discográfico (desde 2008 no había vuelto en solitario al estudio de grabación), Carbonell muestra su amplísimo "mapa de carreteras emocionales" (como lo definió Matías Uribe aquí ), su completo paisaje musical donde expone todas las influencias que han nutrido su estilo personal en lo que resulta una gran variedad de registros que viajan del blues al bolero, pasando, por el rock and roll doo-wop del más puro estilo oldie o la rumba. Desmenuzaremos, uno a uno, los doce temas del álbum:

Abriendo el disco encontramos una canción que nació para single, una de esas que ya parecen un éxito antes de nacer: "Género chico", que, vestida de fracaso sentimental, en realidad, puede suponer toda una declaración de humildad ante el mundo salvaje que nos consume, una constante a lo largo del disco. Versos como "soy un vulgar ladrón de bombillas", "buscando un brazo amigo entre la basura" o "mi paraíso es un desengaño" resultan más que reveladores. La melodía, muy pegadiza, camina respirando herencias de temas oldies. Continúa a esta la balada "Acuérdate de mi", una canción de desamor con ecos de Brassens que se desarrolla sobre un inequívoco ambiente contaminado de desesperanza, un "total abandono" que parece afectar a algún plano más que el sentimental: "será como un desahucio, será como un suicidio" nos asegura el autor en la primera estrofa y refuerza, posteriormente, "mientras alguien se besa, un niño va a la guerra". "No me olvides princesa, cuando esto se derrumbe" es el broche del estribillo donde queda perfectamente claro que "esto" que se derrumba no es tan solo una relación. "De Teruel nos cualquiera" es la primera canción que conocimos de este disco ya que fue compuesta en el año 2014 Recuerdo ahora, durante la presentación de "El artista" en Jaca, que Carbonell prácticamente estrenaba allí esta canción que, como hemos dicho ya con "Genero chico", parecía nacer siendo ya un éxito. Se trata de un tema de carretera con fuerte aroma country reforzado en la versión del disco por la armónica de Gran Bob o  el banjo. La letra, potente, una de las más bellas del disco ("Cuando abrí los ojos me inundó un asombro mineral"/"El mudéjar no es una decoración. Hay estrellas para comprar"/"Si las calles muerden al pasear" o el propio estribillo "La noche brilla más que el sol donde tú eres el timonel") conforma el mejor himno "no oficial" para la tierra de Teruel, ávida de canciones como esta, donde perfectamente queda plasmada su esencia. En varias ocasiones ha reconocido Carbonell su conexión con la rumba catalana recordando la música de Peret que solía escuchar constntemente en la radio y es que nunca es tarde para incluirla en el repertorio. Es el caso de "Nada será lo mismo": "Es tan suave, tu boca en retirada. Es tan bella tu mano, camarada". De nuevo, una letra potente desde una leve amargura parece siempre presente, contrastando aquí con el tono festivo de la rumba: "Es amargo el otoño en primavera, unos hombres quemaron mi cabaña"/"Es el tiempo del lobo y su cintura". La quinta canción del disco merecería un capítulo entero, dentro del libro que nos hable de este trabajo. Ácido pero romántico bolero con letra del poeta zaragozano Juan Leyva, muy zaragozana ("Llámame y nos daremos una vuelta en tranvía desde Pablo Neruda hasta Mago de Oz" -calles que acogen la primera y última parada del tranvía n la ciudad del cierzo) y muy adecuada para un bolero. Titulada "Llámame", como todo bolero que se precie, invita a la danza lenta, cuerpo a cuerpo. Más que destacable resulta aquí la guitarra de José Luis Arrazola, "a lo Santana". Continúa el canto a lo cotidiano, con la marchosa "Baja la vida" , en la que Carbonell, con ritmos que nos remiten a Cabo Verde, hace referencia, desde el vacío, a la situación actual "Baja la vida, sube el pan", con un estribillo muy acertado y pegadizo. La séptima es un gran blues con ecos de rock y guiño sabinero incluido "A tu madre no le gusta que te cante 'Peor para el sol' ". "A tu madre no le gusta" es deliciosamente macarra y atrevidamente gamberra: "A tu madre no le gusta que te escriba sonetos, prefiere aquellos ripios de aquellos mamotretos"/"Si quieres un seguro, nena, no busques un artista", de nuevo con un espléndido Arrazola a la guitarra. Y después de la explosión del rock y del blues, nos relajamos con una delicatessen titulada "Dónde estabas tú", de nuevo, rematada con una espléndida letra de Juan Leyva. Canción especialmente apropiada para la carretera, con algún eco country, que brilla especialmente en su estribillo "¿Dónde estabas tú cuando un beso era brindar por tu salud? ¿Cuando el sol no amanecía y morirse era virtud? pero ¿dónde dónde estabas tú?...cuando ardían los periódicos al sur...".  En el noveno tema del disco todo se detiene. Y es que estamos ante una canción que merece un alto en el camino. Una árida crónica periodística, musicalizada, donde un niño pone voz a la España republicana ("Una cruz sin reproches"/"Un maestro con sueños"/"Unos niños cantando sin mirar hacia el sol") después, al estruendo de las bombas ("El invierno ha llegado, ha llegado a Madrid"), para pasar, posteriormente, a ser un niño de la posguerra ("La memoria es oscura"/"Una madre que es padre"). Y decimos crónica porque parece la mirada del periodista que también es Carbonell, sin tomar partido, pero reflejando el inminente dolor, de golpe el vacío, la ruptura definitiva que supuso un conflicto entre hermanos. Evocadora, "La maceta de arroz" fue, en el directo del 9 de marzo, uno de los momentos más emotivos del recital. Una letra brillante, que evoluciona hacia las tres partes ya referidas anteriormente, cuenta con una influencia kafkiana: "Escríbeme a la guerra después de nadar. Me gusta que tus cartas sepan a mar", recordando la anotación de Kafka: "Hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde me fui a nadar". Esta mirada periodística se repite en la canción número 10 sobe un drama cotidiano y concretamente real, de nuestra actualidad. El ritmo, de inconfundible influencia oldie (años cincuenta/sesenta), contrasta con la crudeza de una letra que cuenta el desahucio donde una adolescente ve truncada su vida, ve cómo desaparece el suelo bajo sus pies, arrojada su familia a la calle: "La tele repite que hay que cumplir la ley". Es "Juana tiene frío" que, basada en un drama familiar real, plasma a la perfección la injusticia de la que es víctima nuestra sociedad, a manos de los depredadores que siguen ocupando la cúspide de esta cadena fratricida. Nunca pasará de moda el vals con ecos de ranchera, afirmó Carbonell durante el concierto del día 9 y bajo esta premisa nace una de las mejores y más festivas canciones del disco: "El beso de un okupa". "Lo más valiente ahora es ser poeta para decir te quiero sin avales". Con estos versos comienza una letra que invita a ser coreada. Y su estribillo ("Soy tu abre coches, ministro vagabundo y dejaré que me mires con lupa, que 24 caricias por segundo es más o menos el beso de un okupa...Aún tengo fuerzas para sacarle arena a tanta playa") es de los que dejan huella. Esta canción fue interpretada recientemente en el Casino de Jaca y en la Médiathèque de Oloron Sainte-Marie. Y llegamos al final de "El carbón y la rosa" con un cierre por todo lo alto que resulta un divertimento delicioso: "Vivir es una errata", un recuerdo al grupo formado junto a Gran Bob y David Giménez, "Los 3 Norteamericanos", un rock and roll doo-wop , muy bailable y digno de ser compuesto en los años sesenta que, además atesora una letra llena de encanto: "Deja que piense en ti esta mañana, este calor ha sido inspirador. Buñuel nos mira junto a Viridiana, las flores se marchitan con dolor", dice uno de los versos, segunda referencia a Luis Buñuel (la anterior en "De Teruel no es cualquiera").
El pasado 31 de marzo en el Casino de Jaca, Carbonell interpretando "El beso de un okupa"
Joaquin Carbonell junto a Lucía Pons, presentando "Un tango para Federico" en Villanúa (Huesca)
A los visitantes blogueros que hayan llegado hasta el final de este artículo no puedo más que recomendar encarecidamente la lectura de la novela "Un tango para Federico" y por supuesto, a mis amigos melómanos, no dejen de escuchar "El carbón y la rosa". Si sois consumidores de Spotify, lo encontraréis aquí. Y ahora les dejamos con "De Teruel no es cualquiera" (aquí en el Festival Barnasants de 2015)  en un versión algo más calmada que en el disco:

domingo, 3 de enero de 2016

Natalie Cole

Natalie Cole, niña, descansa sobre el hombro de su padre, Nat King Cole
Repentinamente terminó la vida de Natalie Cole, sin poder entrar en el año 2016, la misma noche de fin de año, de manera inesperada y demasiado temprana, a sus 65 años, víctima de una insuficiencia cardiaca. Natalie Cole dejó de ser "la hija de Nat King Cole" desde que en 1975 apareciera su primer álbum titulado "Inseparable" y posteriormente "Natalie" o "Unpredictable" que, aun a sabiendas del peso de su apellido, la clasificaban inmediatamente como una cantante moderna, en la línea de Aretha Franklin en su madurez (salvando las distancias), virtuosa en el soul, el R&B y atraída incluso por el rock and roll. Natalie irrumpió con fuerza en el panorama musical de la década de los setenta, consolidándose en los ochenta, cuando  alcanzó su máxima cuota de popularidad, atreviéndose incluso a versionar Pink Cadillac de Bruce Springsteen.

Aquel primer momento de gloria fue más bien efímero, circunstancia a la que se sumaron graves problemas en su adicción al crack, la heroína y el alcohol, que la alejaron en diferentes etapas de su carrera. La sombra de su padre era muy alargada y el peso del apellido Cole que, en un principio, parecía haber superado, hacían mella de manera definitiva en su carrera. Natalie Cole volvió a acertar. Superó sus adicciones y las reconoció públicamente, paso que también contribuyó a la aceptación general del público estadounidense. Además, lanzó su primer álbum en el que recuperaba los clásicos de su padre, los clásicos del jazz. Todo un acierto que le valió regresar a una popularidad más consolidada que se mantuvo hasta el final de su vida. El disco, titulado Unforgettable...with love, gracias a las nuevas tecnologías recuperaba la voz de Nat King Cole para unirla con la de su hija en un emotivo dueto. Se estrenaba aquí de esa manera lo que después derivó en una absurda moda por la que los cantantes actuales podían cantar con antiguas leyendas de la música. Natalie ya no abandonó el jazz. Dos años más tarde veía la luz Take a look y al año siguiente The Holy and the Ivy, un más que recomendable LP que recoge los grandes clásicos navideños en clave de jazz y blues relajado. Siguiendo la estela de su padre, finalmente, en 2013 su último trabajo fue Natalie Cole en español donde recuperaba los boleros que ya cantara él allá por los años cincuenta, boleros por cierto, que en España cosecharon un gran éxito comercial a pesar de que Nat leía las letras, fonéticamente, sin tener ni pajolera idea de lo que estaba diciendo.

Natalie Cole en una de sus últimas actuaciones,
Siempre he sentido debilidad por esta voz aguda, aparentemente siempre joven, de esta mujer que interpretó como nadie las suaves baladas de jazz. Su voz quedará para siempre en nuestro recuerdo. Por ello, quiero dejar aquí una lista de aquellas que, aunque bien no serán sus mejores grabaciones sí conforman mis canciones predilectas en su repertorio.

1.- Non dimenticar
2.- Cry me a river
3.- Take a look
4.- Orange colored sky
5.- That sunday, that summer
6.- Smile
7.- L.O.V.E
8.- Let there be love
9.- Jingle bells
10.- Merry Christmas, baby
11.- Calling you
12.- My baby just cares for me

Y nos despedimos y despedimos a la tierna Natalie con uno de sus mejores éxitos. Non dimenticar es una canción italiana de P.G. Redi (Luigi Pulci) Nat King Cole la popularizó en Estados Unidos y Natalie grabó una versión deliciosa que aquí, en San Remo, canta en directo:


jueves, 26 de noviembre de 2015

I





Ruinoso.
Abandonado, polvoriento, cuchitrilero Café
de mesita carcomida y desconchada antología
etílica.
Cascarón de proa en el insigne buque Oroel,
altozano inapelable, buitrera, roquedal,
malnacido alcázar abandonado,
jaula de pasado, memorial
de fantasmas y fusilados, ejido;
maltrecha y oxidada carcasa
de automóvil sin piel, vencido
por el paso de las lluvias
y el ciclo de las tormentas,
fósiles mecánicos
arrojados al desesperante erial camposanto
con alma de metal,
vieja antena receptora
de telégrafos ancianos,
rodeada por la mala yedra, inmovilizada;
olivo envirado, horca en la sombra,
hueco de escalera, soga artesana,
foso repleto de esqueletos,
adorada viga inquebrantable,
lecho del río.

Minucioso estudio de incomparables oquedades
dispuestas para el suicidio
o la escritura.

Igualmente,
cuando tu cuerpo necesita
su habitual dosis de sexo
para seguir latiendo,
desprende un inconfundible aroma a petricor,
manía compartida
con el reciente cadáver expuesto
bajo la lluvia profunda.

Al fin, estas contradicciones insanas
son las que debe solucionar
la poesía.


lunes, 28 de septiembre de 2015

Mis lecturas estivales: Wacha los güeros, de Alfredo Benedí


La única vida imaginable transcurre en la carretera, en el viaje constante. Sin regresos, sin más proyectos que la noche en un motel; la huída permanente de dos personajes desarraigados por voluntad propia que, entregados al placer que supone recorrer en auto los áridos paisajes del sur de Estados Unidos, en un Petit Cruiser, se ven envueltos en el siniestro universo del tráfico de drogas, el oscuro narco paisaje donde una frontera puede suponer la sutil diferencia entre vivir o morir. Acierta el reconocido escritor Élmer Mendoza que, en la contraportada del libro, bautiza esta obra de Alfredo Benedí como una novela de viajes. El viaje, la carretera, como paisaje y leit motiv, pero también como trasfondo de una novela negra escrita con energía, frescura y oficio, que cumple las premisas básicas del género: deshumanización, personajes corruptos y una sociedad que ha perdido por completo los valores éticos, morales y el respeto por sí misma. Lo salvaje. Palpable, desde luego, resulta el amor de Benedí por los viajes, como ocurre en su propia vida y como ya sucediera en sus comienzos como escritor, abordando con desparpajo los relatos de viajes. Como lector, cometí la imprudencia de invertir el orden de los factores pero si el producto final se vio alterado, desde luego, fue de manera positiva. En primer lugar, cayó en mis manos la segunda novela de Alfredo Benedí, Estúpidos y felices, que presentamos en Jaca el pasado 10 de octubre (pronto hará un año). No importó que no hubiera leído la anterior, pues la historia funciona completamente independiente respecto a esta. Me gustó. Pero este verano, con motivo de la Feria del libro de Jaca y la mesa redonda de novela negra que organizamos con el Ateneo Jaqués, en la que, además de Benedí, participaron Lucía Santamaría, Lorenzo Silva y Míchel Suñén  (Aquí toda la información sobre aquella jornada negra) , cayó en mis manos Wacha los güeros. Me ha parecido brillante, con una tensión desbordada que obliga al lector a seguir leyendo, cada vez, una página más. Un comienzo trepidante, unos personajes de una fuerza bestial y lo más importante, la sorprendente, inesperada y original resolución de las distintas situaciones límite que el escritor va planteando al lector en una historia que no deja tregua para el receso. Y todo esto, recordando que se trata de la primera novela de Benedí.
Alfredo Benedí, toma la palabra en la mesa redonda que el Ateneo Jaqués organizó para la XVI Feria del Libro de Jaca. De izquierda a derecha: Benedí, Lucía Santamaría, Lorenzo Silva y Míchel Suñén.
Desde el título, revelador, el lector se ve sumergido en el paisaje fronterizo y árido del sur de Estados Unidos. Además, Alfredo Benedí, también gran aficionado al rock'n'roll, nutre a sus novelas de una importante banda sonora que ayuda de manera determinante a crear un ambiente necesario (de hecho, la publicación de su segundo trabajo, Estúpidos y felices,se acompañó con un CD que incluía la banda sonora de la novela). En Wacha los güeros, encontramos a The Blasters, Eagles, Tom Russell, Johnny Cash, Yolanda Pérez o Brian Setzer, por hacernos una idea del caracter fronterizo que enmarca toda la historia. 
Aquí servidor, como lector mitómano empedernido a la caza de firmas...En la mesa, Lucía Santamaría, Lorenzo Silva y Fredy Benedí.
Mención especial merecen la pareja protagonista, dos jovenes, hombre y mujer, zaragozanos que ven truncados sus proyectos de ese relajado viaje vacacional por el sur de los Estados Unidos. La manera como se ven envueltos en la red de narcotráfico, la evolución de los personajes en la historia y en su propia relación sentimental, las horas de insomnio y carretera, los litros de alcohol ingerido, las sustancias alucinógenas y la inevitable deriva al desarraigo y al desencanto, hacen que el lector pueda identificarlos rápidamente con algunos de los clásicos personajes del cine negro. De hecho, el autor, brinda un guiño a High Sierra, la gran obra maestra que Raoul Walsh dirigió en 1941 con un Humphrey Bogart en el papel del villano Roy Earle, acompañado en pantalla por Ida Lupino, que en España se tituló "El último refugio". Por supuesto, las historias, las temáticas y los personajes en  la novela negra, han evolucionado y se han transformado pero, si realmente respetamos el género, los motivos que mueven a los personajes, esa ausencia de principios, esas bases sobre las que se construye una buena historia, deben ser las mismas. "La novela negra debe contener crítica social, así que vivimos buenos momentos para escribirla", aseguró Alfredo Benedí en la mesa redonda de novela negra en la que participó y yo, como lector, no puedo estar más de acuerdo. En cualquier caso, sus personajes y las historias que él crea, sí cumplen a rajatabla este precepto. Desde este humilde rincón y desde la crítica óptica del lector, no podemos hacer otra cosa que recomendar fervientemente la lectura de Wacha los güeros, publicada en 2011 por STI Ediciones, en una edición muy cuidada que cuenta en su interior con un mapa muy original creado por el ilustrador también de la portada, Ángel Lalinde Laita. Y esperar, espectantes, la nueva obra de Benedí que, según reveló en Jaca, sin abandonar el género, transcurre en su totalidad, en la ciudad Zaragoza. Para terminar, incluimos una canción que forma parte de la banda sonora de Wacha los güeros.



jueves, 26 de febrero de 2015

Jazzy room



Balanceo leve de luz
en mitad de la mañana nebulosa.
Proyectada con sordina
y sin voz,
al final de las escaleras
que serpentean
-varanos dormidos-
sobre el ocaso fachada
de una casa sin nombre.

Hice sonar el timbre.
Contestó desde la niebla
un barco medio dormido
de viejo saxofón.
Un ronquido
vago y crepuscular,
diatónico acordeón,
abriendo la puerta.
Pasillo oscuro y creciente marea,
oculta.
Varado en la cocina,
un tiburón de madera
boquea fuera del agua.
Desea respirar
contra el ahogo de cuerdas 
prendidas al mástil.
Preso, amarrado a una lavadora, 
espera ser pulsado 
o atravesado por el arco.
La libertad, para huir del cuerpo,
en su propio ataúd.

Existen guitarras españolas
como faros oceánicos
para que todo vuelva a tener sentido
y los bancos de peces
encuentren su camino.
Manadas de niebla
donde, sin previo ensayo,
todo se armoniza
para terminar siendo música.

El peligro
está en cuatro acordes mal entendidos
si los disfraces no terminan
en mañanas con antifaz
y calimas suaves,
de carnaval.